miércoles, 21 de marzo de 2012

Oscuridad I

Esta historía que os dejo constará de varias partes aquí teneis la primera, disfrutad y comentad


Oscuridad: Capítulo 1



Abrió sus ojos... ligeros destellos de luz... hojas... arboles... ¿Estaba en el bosque? su cabeza le dolía, ¿Porqué no recordaba nada de las últimas horas? ¿Qué había pasado? ¿Qué hacia tirada allí? Comenzó a incorporarse, todo estaba borroso pero al ponerse de pie y pasar su mano por la frente observó algo inquietante, sangre, sus manos estaban manchadas de sangre ¿Era suya? Después de observar si en alguna parte de su cuerpo tenía alguna herida... no, no era suya ¿Entonces? ¿De quién? Una punzada le hizo cerrar fuertemente sus ojos, su mente se trasladó... “andaba riéndose junto con su hermano por una calle en la noche, el también reía”... Su hermano ¿Donde estaba su hermano? Ella despertó sola, tumbada en el frío suelo del bosque pero su hermano no estaba por ninguna parte... 

-Quizás ya esté en casa- pensó andando hacia un claro, conocía ese bosque al milímetro, de pequeña, este era su patio de recreo pero jamás se había encontrado en esta situación, despertar en él sin saber como había llegado allí, por tanto debía llegar a casa para aclarar sus dudas. Lavó sus manos en el río antes de disponerse a volver a casa.

Ya estaba llegando siempre había pensado que era un pueblo tranquilo y muy sencillo, casi era uno fantasma, la gente se cansaba de no tener recursos y se mudaban a ciudades, pero a ella ese lugar le encantaba, tranquilidad, naturaleza y sobretodo estar fuera del estrés de la ciudad, esa pasada noche hubo una fiesta, los militares volvían de las misiones humanitarias en oriente, con ellos su hermano. Mientras andaba por la calle, desorientada, hacía su casa recordó el tierno abrazo con su hermano al volver a verlo después de meses tan lejos de casa, todo el pueblo estuvo aquella noche de celebración y podía ver los restos de la fiesta, los barrenderos tendrían bastante trabajo esa mañana. 

Por fin llegó a casa, la puerta no estaba cerrada con llave, en ese pueblo no hacía falta eso, todos se conocían, era algo normal, entró con desdén y cerró la puerta tras de sí. 

-¿Anna?- La voz provenía de la cocina, pero no era su hermano, era Jessica, amiga de la familia de toda la vida, pero ¿Qué hacía en su casa? 

-Si soy yo- Su voz transmitía el cansancio y la confusión que tenia en cuerpo y mente, pero algo más la preocupaba, se suponía que su hermano estaría en casa. 

Jessica estaba lavando los platos del almuerzo de ayer, con todo el alboroto de la fiesta no le dio tiempo a lavarlos ella misma, algo no cuadraba... 

-Jessica ¿Qué haces en mi casa? 

-Pensé en venir a invitarte a desayunar, pero como no os he visto en casa, he decidido esperaros, la fiesta de ayer fue un tremendo bombazo y casi todos estaban borrachos, por lo que veo tu también andas con un poco de resaca ¿Donde os habéis metido?- Su tono resaltaba algo de burla y su mueca, algo divertida, tranquilizó a Anna. 

Se acercó a ella y la ayudó a tomar asiento ambas sonrieron. 

-Supongo que se nos fue de las manos... 

-Termino de lavar esto y te preparo algo, veo que lo necesitas...- Se levantó hacía el fregadero a terminar lo que estaba haciendo. 

La cabeza de Anna seguía dando vueltas tratando de recordar las últimas horas, la fiesta la recordaba, también las copas que tomó, pero no se explicaba como con un par de bebidas alcohólicas pudiera emborracharse así y a la mañana siguiente no recordad nada después de la celebración, estaba acostumbrada a tomar alcohol con moderación y no le cuadraba lo que había pasado... Un grito de dolor la sacó de sus pensamientos, Jessica estaba tapándose la mano con un paño, este estaba manchado de sangre. 

-¡Jessica! ¿Qué te ha pasado? 

-Mierda, me he cortado con un cuchillo en el fondo del fregadero 

Anna se acercó rápidamente a su amiga y le apartó el paño para ver la herida, no era muy profunda pero si lo bastante para sutura. 

-Creo que necesitamos llevarte al médico, esto necesita sutura amiga 

-No no, ese estúpido estará tirado por ahí, odio este pueblo ni siquiera tenemos un hospital decente, solo a ese borracho que se hace llamar médico, además no lo veo tan grave...- Volvió a taparse la herida con el paño y lo enrolló de tal manera que se pudiera sostener solo. Se sentó en una de las sillas un poco mareada.

-¿Estás loca? Eso necesita sutura, debemos ir... con suerte estará en su consulta ¡Vamos!- Sin decir más agarró a Jessica por su brazo derecho y la ayudó a levantarse, un gruñido de protesta salió de la boca de esta pero aun así se levantó y fueron hacia la salida. 

Era un día muy soleado y ya se podía ver como los barrenderos trabajaban para dejar limpia la calle, ambas aligeraban el paso según avanzaban, Anna temía que Jessica pillara una infección... 

-¡Auch! Esto escuece, pero no creo que necesite sutura Anna, de verdad estoy bien 

Pero Anna para hacerla entrar en razón comenzó a quitarle el paño para que ella misma viera la gravedad, que necesitaba sutura y no pillar una infección, sin mirar siquiera la herida le dijo... 

-¿Ves? Debe verte el médico, se te va a infectar Jessica- dicho esto bajó la mirada hacía la herida, vio algo que no podría explicar, la herida no parecía tan grave como pensó en un principio, era superficial, pero juraría haberla visto mucho mas profunda en la cocina, quizás la sangre que brotaba de ella la hacía más profunda de lo que en realidad era. 

-Yo no la veo tan grave- Se tapó la mano de nuevo con el paño. 

-Yo tampoco...- ¿Pero que estaba pasando con su cabeza? Podría jurar que la herida a primera vista era tan profunda como para necesitar sutura ¿Se estaba volviendo loca? 

-Anna, esta mañana estas muy rara ¿Qué es lo que pasa? 

-He despertado en el... 

-¡Qué alguien me ayude por favor!- La voz venía del final de la calle, un hombre, de unos cincuenta años muy corpulento se acercaba a ellas y sostenía lo que parecía ser un cuerpo envuelto en una manta, de pronto el tipo cayó de rodillas sin aliento e intentó gritar de nuevo pero solo salió de su boca lo que fue un quejido. 

Un escalofrío recorrió la espalda de Anna, tenía que asegurarse de que no fuera él... 

Corrió como nunca en su vida hacía el hombre que, aliviado de ver a alguien, dejó lo más delicadamente posible el cuerpo en el suelo, las lágrimas brotaban de sus ojos aún sin ver de quién se trataba el cuerpo, al llegar se dejó caer de rodillas y comenzó a apartar la manta...

Su mirada lo decía todo...



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Oscuridad por Laura Ramírez Patarro se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.