miércoles, 21 de marzo de 2012

Oscuridad V

La quinta parte ya está aquí... Bueno un abrazo y espero que os guste.




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Oscuridad: Capítulo 5


No supo que sensación le trasmitía aquella sonrisa. No era algo que la tranquilizase...

-Así es, ahora hágame un favor, coja ese cubierto de ahí- No creyó escuchar bien, pero Evans insistía, ahora señalaba con su dedo. Anna con desgana cogió el cuchillo que el hombre le había indicado.

-¿Y bien, que es lo que quiere que haga ahora? ¿Lo tiro y usted irá a recogerlo como un perro?- Evans soltó una carcajada, ella no pretendía ser graciosa estaba realmente molesta por las reacciones del tipo, realmente la irritaba. Un cuchillo en sus manos y un tipo molesto. Lo miro fijamente, quería matarlo en ese instante.

-¿No lo ve?- Dejó de reírse pero aún mostraba una amplia sonrisa, no soportaba a ese tipo...

-¿Qué debo ver?

-Pues nada, que no ocurre absolutamente nada- Él seguía sonriendo en su afán de hacer ver algo que ella no veía.

-Lo único que veo es que usted es realmente estúpido

-Si usted fuera un licántropo ahora mismo estaría gritando de dolor y sus manos tendrían quemaduras de primer grado. Los cubiertos de este lugar son de plata- No era su imaginación Evans lo había dicho en realidad. La cara de Anna cambió por completo, ahora entendía la reacción del joven, ahora entendía todo. Su corazón sentía un tremendo alivio, alivio por no ser ella la culpable de la muerte de esas dos muchachas. Era inocente, el estar segura de eso era una sensación intensa y gratificante.

Estaba sonriendo, no podía dejar de hacerlo, ella era inocente. Ella se había culpado por algo que no había hecho y ese hombre se lo demostró. Llegó a su cabeza la imagen de su hermano, ahora debería averiguar qué había sido de su hermano y por supuesto saber si estaba relacionado con la criatura que mató a esas chicas. Su cara cambió de nuevo pero aún sentía un gran alivio, debía de disfrutarlo aunque fuera por unos segundos. De pronto, su mundo se derrumbó, sintió una fuerte punzada en la cabeza que le hizo poner sus manos en sus doloridas sienes.

-Me gustaría que usted me ayudara en este caso, ya que...- No pudo terminar la frase, vio que algo no iba bien. Anna estaba gimiendo de dolor, la gente de la cafetería observó incrédula la escena. -¡¿Anna?! ¡Anna!- Ya se encontraba de rodillas, en el suelo, cuando la voz de Evans cada vez se hacia mas lejana...

“Andaba riéndose junto con su hermano por una calle en la noche, el también reía...

-No seas tonta, a estas horas de la noche no deberíamos entrar en el bosque

-Lo conocemos mejor que a nosotros mismos, ¿Tienes miedo a perderte, hermanito?

-¡Agg! ¡Está bien! Tú y tus retos...

Todavía se reía de haber conseguido que su hermano accediera, este sin embargo tenía una mueca de disgusto, aunque se sentía feliz de ver a su hermana. Después de tanto tiempo fuera, era lo único que le importaba. Anna se adelantaba, sabía perfectamente donde quedaba la cabaña. Fue su lugar de juegos toda su infancia y deseaba volver a verla después de tanto tiempo. No sabían porqué, pero desde hacía años, no se habían acercado a ella.

-Seguro que está llena de telarañas, si vamos a alquilarla debe estar limpia, un día de estos vengo con Jessica y la dejamos bien presentable, ya verás

-¿Tú y Jessica? Entonces no lo dudo- Ambos hermanos sonrieron. Anna siguió andando por delante de su hermano.

-Recuerdo este árbol...- Giró, sin parar de andar, hacia su hermano señalando un árbol bastante rudo y alto. Volvió a mirar hacia delante. -¿Te acuerdas cuando corríamos por aquí pa...- Quedó sin habla, la escena tan terrible que tenía antes sus ojos, la dejó inmóvil.

-¿Anna? Te has quedado muda, no llores ahora eh- El muchacho ya estaba al lado de su hermana, tenía los ojos llorosos y con las manos temblorosas señaló al frente. Ariel, sin decir nada más, miró donde ella apuntaba...

La chica aun estaba viva intentaba gritar de dolor, pero solo salían de su boca sollozos ahogados en su propia sangre. Tenía arrancado un brazo y se estaba desangrando, ambos hermanos corrieron hacia ella intentando hacer algo ¿Cómo cogerla? ¿Cómo no hacerle más daño? No se dijo ni una palabra, solo debían socorrerla. No había tiempo para hablar, la muchacha se estaba muriendo. Ariel se quitó el abrigo y lo enroscó alrededor del hombro y lo que le quedaba de extremidad, hecho esto la cogió en brazos. Al parecer ella no podía andar, estaba demasiado débil... Anna se puso justo detrás a su hermano para asistirle por si fuera necesario, pero no hizo falta. Algo obligó a parar en seco al joven. Ella iba a preguntar el porqué de su repentina parada pero, al ponerse a su lado, lo que vio lo aclaraba todo.

Era enorme, mucho más alto que un humano, un pelaje negro cubría todo su cuerpo. A primera vista parecía un hombre con dimensiones desorbitadas pero al observar su rostro tornaba aún más espeluznante. Tenía un hocico, como el de un lobo, por él asomaban colmillos tan afilados como la hoja de una katana, aún estaban manchados con la sangre de la chica. Sus ojos miraban a los presentes, eran de un tono amarillento muy llamativo, que la hacían aun más escalofriante. La bestia seguía fija, solo se oía su fuerte respiración y como al hacerlo se movía su pecho fuertemente.

Debían hacer algo y rápido, Ariel fue el que tomó la iniciativa, comenzó poco a poco a dejar bajar a la chica. Parecía que si podía tenerse en pie. Con gran cuidado, se puso entre la bestia y las dos mujeres, todo esto bajo la atenta mirada de la bestia. Anna agarró a la joven con sumo respeto y espero a lo que indicara su hermano ¿Qué tenía planeado? ¿Saldrían vivos de esta? La criatura comenzó a gemir, seguramente se dio cuenta de que Ariel sacaba algo de su bolsillo, la daga le había acompañado siempre desde que su abuelo se la regalara a los trece años. Era preciosa, su empuñadura era de marfil, por tanto el blanco roto destacaba con el plateado de los bordes, y con el de su hoja de plata. Anna descubrió las intenciones de su hermano y lanzó un grito ahogado. Esto hizo que la criatura se abalanzara, a dos patas, hacia ellos. Ariel le hundió el arma en la mano, con gran maestría. Se oyó un aullido de dolor y la bestia se alejó varios pasos atrás.

-Llévala al pueblo, aún puede salvarse...

-¡No, no te dejaré aquí!

-Te quiero Anna. Ahora, ¡Lárgate!- Fue como si esa misma daga se la clavara en su pecho, quería sacrificarse por ellas. Anna quería replicar de nuevo pero solo complicaría aún más la peliaguda situación. Por más que le doliera su hermano tenía razón.

-Te quiero...- Sus ojos ahora brillaban por las lagrimas pero sin mas dilación comenzaron a alejarse de ellos, esto captó la atención de la bestia, pero Ariel hacia movimientos con su daga para desviarla hacía él.

Ambas avanzaban apresuradamente, la chica comenzaba a adelantar a Anna y su cabellera rubia daba destellos de la luz de la luna. La joven miraba de vez en cuando hacia Anna, que lloraba cada vez más.

Se oyó un grito... Ella sabía de quien se trataba, un dolor fuerte le atravesó y le hizo perder el equilibrio y tropezó. La chica rubia estaba tan asustada que siguió sin darse cuenta. Anna se dejó llevar por el cansancio y la tristeza. Se desvaneció en el frío suelo del bosque”

Se encontró de rodillas en la cafetería...

-¿Anna?- Evans estaba a su lado, también se encontraba de rodillas, sus manos agarraban los hombros de la joven fuertemente. La zarandeaba intentando que volviera en sí.

Toda la gente que se encontraba en la cafetería estaba ahora alrededor de Anna, comenzaba a asfixiarle tanta atención así que en un suspiro se puso de pie y corrió hacia la salida donde pudiera descargar su llanto. Sus lagrimas brotaban de sus ojos y gemía por el dolor de saber que su hermano estaba muerto, se había sacrificado por ellas, se sentía tan impotente... Comenzó a deslizar su espalda por la pared de la cafetería hasta sentir el suelo, no podía tenerse en pie.

-¡Anna! ¿Qué le ha pasado? ¿Está usted bien?- Era la voz de Evans acercándose a ella. Estaba sentada en el suelo, abrazando sus piernas, dobladas hacia sí, con sus brazos. Tenía su cara hundida en ellas y sus sollozos se ahogaban cada vez más. Al oír al joven a su lado, se levantó y se abalanzó hacia él abrazándolo. Segundos después él preguntó. -¿Qué pasa?- Ella se alejó un poco secándose las lágrimas con su mano.

-Acabo de recordad la noche que desapareció Ariel, mi hermano nos salvó, el dio su vida por defendernos, esa chica... esa chica aun estaba viva... esa bestia la hirió y quería matarnos, pero mi hermano... mi hermano se sacrificó... y yo no hice nada por impedirlo...- Anna se explicó entre sollozos. No podía dejar de pensar que no hizo nada por salvar a su hermano.

-Fue su decisión Anna, usted no podía hacer nada- Estaba en lo cierto, Evans tenía razón. Pero la sensación aún seguía ahí.

-Pero mi hermano está muerto igualmente- Se notó su enorme tristeza ante tal afirmación.

-No, si estuviera muerto su cuerpo habría aparecido ¿No cree?- Los ojos de Anna brillaron con un atisbo de esperanza ¿Y si aquel hombre tenía razón? ¿Y si su hermano seguía vivo?

-¿Usted...usted cree?

-Voy a acabar con esto. Averiguaré quién es esa bestia, podría ser cualquiera así que no confíe en nadie, solo tenga cuidado. Yo encontraré a su hermano y...- Algo hizo que parara de hablar por un instante. Algo que Anna pasó por alto. -Tengo que irme, hágame el favor de no comentarlo con nadie, ninguno de los dos queremos que cunda el pánico- La joven asintió y vio como se alejó con paso firme, cruzó la esquina con gran ímpetu. Entonces se dio cuenta que no tenía ningún dato de él, no podría contactarlo. Ella quería participar, quería encontrar a esa bestia, saber donde estaba su hermano, pero ya era tarde. Evans ya había desaparecido.




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