miércoles, 21 de marzo de 2012

Oscuridad VI

Ya le queda poquito a esta historia espero que esteis disfrutando, un abrazo!!



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Oscuridad: Capítulo 6

-¡Anna!- Era la voz de Jessica, la llamaba desde la otra punta de la calle, agitaba una mano por encima de su cabeza saludándola, entonces comenzó a correr hacia ella. Anna simplemente sonrió al verla llegar. -¿No ibas a abrir la tienda? He ido a ayudarte y estaba cerrada. Por cierto...¿Quién era ese?

-Lleva el caso de las chicas muertas. Solo estaba preguntándome sobre el bosque, para saber donde está ese maldito oso, bueno algo rutinario- No sabía por qué le mintió, pero quizás porque no quería preocuparla. Con que ella llevara esa carga era suficiente, mejor callar y ver que sucedía.

-¡Ah! ¿Y por eso te ha invitado a tomar algo en la cafetería? Anda y parecías tonta- Había un tono juguetón en su voz. Jessica dio dos golpes con su codo en el costado de Anna.

-¡Auch! No insinúes eso, y menos con un presuntuoso como ese- Su cara fruncida en señal de protesta hizo reír a Jessica que lo dejó estar.

-Vamos a la tienda ¿No?

-Si, vamos, tenemos mucho que hacer...

Por fin llegó la tarde. El tiempo pasó demasiado lento para Anna no simplemente porque solo entraron dos clientes en toda la mañana, sino también porque debía encontrar un modo de hallar a Evans. En la noche esa bestia volvería a cazar. Una idea descabellada rondaba por su cabeza. Quizás si iba al bosque y esperaba a que esa criatura buscara alimento, ella podría hacer de cebo y descubrir donde estaba su hermano. Necesitaba la ayuda de aquel hombre para que la siguiera. Debía tener un lugar donde tenía encerrado a su hermano, no sabía el porqué lo tendría capturado. Pero ese hombre, por muy extraño que le pareciera, tenía razón, su hermano no estaba muerto por tanto debía haber un sitio donde ese monstruo lo ocultaba.

-Bueno creo que tendríamos que cerrar ya, no creo que de repente venga la gente que no ha entrado en todo el día- Había sido un fracaso, la gente pasaba de largo por la tienda y ni se molestaban a entrar, y de los que entraron, la mayoría, no compró nada...

-Si, Jessica voy al almacén a ordenar un par de cosas vete a casa yo llegaré más tarde

-Yo te espero, la situación no es como para que te vayas sola

-Jessica, si no salimos al bosque no ocurrirá nada. Vete tranquila

-Esta bien, eres demasiado cabezota. Yo ya te doy por imposible- La joven asintió sonriendo y Jessica comenzó a sacar el dinero de la caja registradora. Ni la cuarta parte de lo que tenían que haber recaudado en el día.

Demasiada mercancía para después no ser vendida, se lamentaba por perder el dinero así. Mientras ordenaba los estantes, comenzaba a sopesar todo lo ocurrido en apenas dos días. Jamás pensó que viviría tantas emociones en tan pocas horas. Era una situación surrealista pero ahora estaba en calma. Había recuperado la seguridad que la caracterizaba, estaba decidida a encontrar a su hermano y descubrir a esa bestia. Algo la hizo acercarse a la puerta de almacén para escuchar mejor...

-...en la cafetería han dicho que se ha caído por unos dolores en la cabeza y en la peluquería, la mujer de pescadero, ha dicho que estaba con un agente federal...- No reconoció la voz pero provenía de la salida, quizás alguna vecina hablaba con Jessica antes de que llegara a irse. No alcanzó a escuchar nada más así que volvió a terminar lo que estaba haciendo. Algo volvió a llamar su atención, en una de las estanterías había un bote. Estaba demasiado al fondo y le costó llegar a él. Tenía una etiqueta, sobrepuesta, escrita a mano: 
 
Mareos”.

Pero observó que se transparentaba un poco la de abajo, alcanzó a leer:

Escopolamina

Su cejo se frunció. No sabía de que medicamento se trataba, así que al verlo vacío lo tiró a la papelera junto a la puerta de almacén.

Se tocó las muñecas, las tenía doloridas. Cargar con esas cajas no fue buena idea, su cuerpo lo estaba lamentando ahora. Al salir del almacén resopló, se alegró de haber convencido a Jessica de que se fuera a casa sin ella, pues no tenía intención de volver a esta, así podría buscar a Evans sin dar ninguna explicación.

Estaba enfrente de la cafetería, ya había preguntado en la peluquería, en la pescadería e incluso en la tienda de ultramarinos... Solo le quedaba ese lugar, dudaba si entrar, pero no perdía nada por hacerlo en un sitio más, así que se inclinó por entrar.
La chica que les había servido esa misma mañana estaba apoyada en la barra intentando sacar una moneda de un bote lleno de ellas...

-¡Phoebe! ¡Te he dicho mil veces que no saques dinero del bote de donaciones!- Alguien asomó la mitad de su cuerpo por el hueco que conectaba la cocina con la parte de la barra, el tipo estaba sudando como un pollo, y debido a la obesidad, su enorme barriga caía, poco elegante, encima del mostrador. Su cara estaba roja del calor de los fogones y sobretodo de ira, agitaba la mano para que la chica dejara de enredar con el bote.

-¡No tenemos cambio, y ese cliente tiene que irse, así que cierra esa bocaza que tienes estúpido! Si no fuera por mi, tu negocio se iría a la mierda, lo sabes bien gordo- Por fin alcanzó sacar una moneda del bote, y lo dejó en su lugar.

-¡Estás colmando mi paciencia muchacha estúpida, algún día te encontrarás en la calle!

-Me necesitas viejo asqueroso- Lo miraba desafiante, estaba tan segura de su lugar que su postura lo decía todo.

-Haz lo que quieras niña del demonio, pero quedas avisada- El hombre hizo un gesto de dejadez con la mano y volvió dentro de la cocina, la sonrisa de triunfo de la joven cesó al girarse hacia donde estaba Anna.

-¿Qué deseas?- Preguntó con altivez mientras la miraba también con cierto desprecio.

-¿Te acuerdas del tipo que me acompañaba esta mañana?

-Si ¿Cómo olvidarlo?- La joven sonrió al recordar a Evans, le lanzó una mirada retándola, pero Anna no estaba para memeces.

-¿Sabes donde se aloja?

-No, ¿Porqué tendría que saberlo?

-Quizás alguien comentara algo en la barra o en alguna mesa, algo que tú pudieras haber alcanzado a escuchar

-Alcanzo a escuchar muchas cosas querida, pero si hubiera escuchado donde se aloja ese hombre no estaría aquí ahora mismo...- Phoebe se fue a darle el cambio al cliente que lo necesitaba, ya que Anna no preguntó nada más. Era bastante para saber que no sabía nada así que se dirigió a la puerta...

-En el Hostal de Magie- fue casi como un susurro, pero esa voz estaba tan cerca de ella que lo escuchó perfectamente, el hombre estaba ahora a su lado mirándola, se le veía un poco inquieto como si hubiera dicho algo que no debería.

-¿Perdón?- Anna lo había escuchado, con incredulidad, pero volvió a mirarlo y lo reconoció, era el ex-marido de Magie, la que llevaba el hostal hacía más de treinta años. Tantas deudas acabó con su matrimonio, pero el negocio tiempo después, salió a flote.

-Pagó por adelantado, se notaba que le sobraba el dinero porque lo que soltó le valía para que se quedara un mes entero- Él estaba igualmente asignado como el gerente del lugar, así que a Anna no le quedó duda de que decía la verdad, era un hombre muy respetado en el pueblo y siempre destacaba por su amabilidad. La joven le regaló una amplia sonrisa. -Gracias señor Daniels- él le devolvió una aún más cálida.

Lo recordaba mucho más colorido, pero la fachada del hostal tenía ahora un tono grisáceo que no lo hacía muy agradable a la vista. Entró sin más dilación y tocó una campanilla que estaba encima de la mesa de recepción... No apareció nadie, volvió a tocar... Nada... No podía perder el tiempo quedaban un par de horas para que anocheciera... Miró bien hacia los lados y se dispuso a mirar la libreta con el registro... Lo encontró...
 
Dan Evans --- Habitación: 14 --- Tiempo de estancia: indefinido --- Tipo de pago: Efectivo por adelantado
(¡Quédese el tiempo que quiera!)

Sonrió al leer lo que había tachado el señor Daniels, cerró la libreta y se dispuso a subir a la habitación indicada. La puerta de la número catorce estaba entreabierta, una sensación extraña tocó su nuca, no quería pensar el porqué de que estuviera así, solo vio como su mano, desobedeciéndola, empujaba la puerta hacia dentro, lentamente... Estaba oscuro, pero justo al entrar a la derecha, destacaba la entrada que daba al cuarto de baño. Más al fondo se encontraba la cama y justo en frente, un escritorio. Pudo comprobar que no había ningún interruptor así que supuso que, la lámpara que yacía en ese escritorio, era el único foco de iluminación, pero le llamó la atención algo más... Encima de la mesa había algo, parecía una especie de libreta forrada de cuero. Pensó en los guantes de Evans y supuso que el cuero era algo que atraía a este hombre. Se acercó al mueble y encendió la lámpara para poder curiosear el cuaderno...

Era la letra más ilegible que había visto, solo alcanzó a entender palabras y algunas frases sueltas. Bastó para entender lo que había en esas paginas abiertas...

Personas desaparecidas...         Cada semana...  
La gente...               interrogué...              Nadie sabe nada...
Ritual...     Calaveras...     Sacrificios...    Luna...    Mujer...

Estaba investigando algo, pero no era nada relacionado con lo que estaba pasando ¿O sí? Al volver la página encontró una lista con nombres, uno en concreto llamó su atención...
 
...Ariel Davis --- 3 días desaparecido...

¿Tendrían algo que ver esos dos casos? Quizás Evans se lo aclarara mas adelante... El sonido de la puerta cerrarse la obligó a girarse. Quizás Evans ya había llegado y necesitaba una escusa de porqué estaba hurgando en sus cosas, pero no había nadie. Lo más seguro fuese una corriente de aire la que cerró la habitación, se volvió para seguir leyendo...
Sintió algo a su espalda... Antes de que pudiera girarse alguien la agarró por su cintura con una mano y le tapó la boca con la otra, comenzó a luchar para liberarse, pero el individuo era mucho más fuerte que ella, se le hizo imposible...

Estaba segura, era la bestia. Venía a por Evans y al verla allí, arruinaría su caza así que la estaba quitando del medio. Anna notaba como la mano del tipo la estaba asfixiando ¿Podría acabar todo así? Morir con la incertidumbre de no saber si su hermano estaba bien... No, eso no podía permitirlo. Comenzó a mirar a su alrededor, algo serviría como arma para defenderse... No sabía si era real o no pero no podía comprobarlo solo quería alcanzar ese revolver que veía en el cajón ahora abierto por el forcejeo, sus dedos intentaban cogerlo en la perspectiva pero en realidad estaba más lejos de lo que pensaba ¿Qué hacer para alcanzarlo? Miró la mano de su atacante y mordió unos de sus dedos tan fuerte que sintió la carne ceder entre sus dientes.

-¡Agg!- el sujeto gritó y soltó a Anna por atender al dolor de su mano, era su oportunidad. Se abalanzó hacia el escritorio, agarró el arma, se volvió hacia la persona que le había atacado y le apuntó firmemente con la pistola.

Pasara lo que pasara, ahora podría ver el rostro humano de esa bestia...




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