miércoles, 21 de marzo de 2012

Oscuridad VII

La séptima parte. Que la disfruteis...




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Oscuridad: Capítulo 7

-¡¿Anna?!

-¡¿Evans?!

Ambos se miraron incrédulos, Anna seguía apuntándolo, así al ver que era Evans, bajó la pistola. Él se relajó ante ese gesto.

-¡Casi me da un infarto! Pensé qué era esa bestia- Anna suspiró en señal de alivio, pero tenía una sensación de decepción, en cierto modo, podría haber sido el momento de identificar a esa criatura.

-Lo mismo pensé de usted, casi la mato. Perdone pero ¿Qué hace aquí?- Antes de que ella contestara, dirigió su mirada al escritorio, la libreta estaba abierta...

-Perdón, solo hojeé un par de páginas... Apenas entendí nada. Escribir así debería estar penalizado por la ley...- Sonó como una niña pequeña al ser regañada, tapando su falta atacándolo a él.

-Lo mio es arte...- Fingió modestia, pero sabía que su letra era casi imposible de leer.

-Su letra insulta, incluso al arte abstracto, agente- observaba como Evans cerraba la libreta. Vio lo que pareció una mueca de fastidio en su rostro.

-¡Auch! Eso me ha dolido más que el mordico... ¿Qué hacía aquí, Anna?- Se volvió hacia ella, con la libreta ahora en las manos.

-Necesito su ayuda- Evans averiguó, sin necesidad de una explicación, a que se refería.

-No se involucre, solo entorpecerá la investigación, yo me encargaré de todo- No tapó sus oídos porque tenía ocupadas las manos con la libreta, pero cerró sus ojos ante la reacción de Anna.

-¡No! ¡Mi hermano está ahí fuera! Y ¡¿Usted quiere que me quede de brazos cruzados?! Bien, solo pedía su ayuda. Si no está dispuesto a cedérmela, actuaré por mi cuenta...- Soltó la pistola en la cama y con decisión comenzó a caminar hacia la puerta. Evans la agarró por el brazo con fuerza, impidiéndole avanzar. Ella mostraba una mueca de triunfo. Había conseguido lo que quería.

-No cargaré con su muerte en mi conciencia, ahora coja esa pistola. Espero que si la ocasión lo requiere, sepa usarla... ¡Dese prisa!- Su disgusto era evidente, aun así cedió a la petición de esa mujer tan terca ¿Por qué había cedido? La miraba mientras cogía el arma de su cama.

Evans salió de su ensoñación. Fue a hacia la entrada, su abrigo estaba colgado en el perchero, detrás de la puerta. Guardó su libreta en uno de los bolsillos del gabán y comenzó a ponérselo de espaldas a Anna.

Ya tenía el arma en la mano y giró para ver que estaba haciendo el agente, lo observó ponerse la gabardina, sonrió. No duró mucho esa sensación... Su corazón sintió una fuerte punzada, la mano derecha de Evans tenía una cicatriz. En ese instante recordó como su hermano hundía la daga de plata en la mano el animal en esa noche fatídica...

Todo estaba claro ahora... Lo apuntó de nuevo con el revólver.

-Sabía que no iba a dar mi brazo a torcer, fingía oponerse, pero solo ha montado este paripé para ganarse mi confianza ¿Esperaba llevarme de la mano al bosque y allí matarme?

-Anna...- Giró sobre sí para mirar a la joven. Anna estaba apuntándole con su propia pistola. Subió sus manos por encima de la cabeza.

-Él le atravesó la mano con una daga de plata. Usted ocultaba esa cicatriz, pero se ha descuidado agente ¡Sólo contésteme! ¡¿Dónde esta mi hermano?!- Sujetó ahora el arma con las dos manos.

-Escúcheme, por favor...- Su tono era tranquilo.

-¡¿Donde está?!- Las lágrimas volvían a mojar su rostro.

-¡No lo sé! ...No sé donde está su hermano, es lo que intento averiguar... Anna, si pudiera recordarlo... Sabría que fue usted la que anoche me hizo esta cicatriz...- Mostró la herida de la palma de su mano, esta totalmente abierta. Este hombre... ¿Esperaba que ella lo creyera? No le dio tiempo a pensar nada más... Otra vez punzadas en su cabeza. Ya estaba con las manos a los dos lados de su cara...

Tenía que encontrar alguna pista que la llevara hacía su hermano. La luz de la luna le ayudaba a guiarse mejor, pero lo conocía a la perfección. Algo brillaba de entre las hojas de aquel claro, al acercarse se dio cuenta que era la daga que el abuelo le regaló a Ariel, y con la que este hirió a esa bestia. Aun tenía restos de sangre... la observó bien, era realmente preciosa, nunca se fijó en ello...
Sonrió, en lo que fue reconocer la valentía de su hermano, al usarla tan ágilmente. Era un buen soldado y su entrenamiento podría haber hecho que aun siguiera con vida. Esa era su única esperanza, que Ariel siguiera vivo.
Algo la obligó a mirar hacia atrás, podría jurar que escuchó crujir las hojas caídas. Eran pasos cada vez más cerca, pero al girar, no había nadie. No supo que le recorrió por el cuerpo cuando volvió la mirada hacia delante. Esos ojos... Tan cerca... Estaban a centímetros de ella.

La criatura estaba mirándola, no lo soñó. Esa bestia enseñaba lo que le pareció una macabra sonrisa. Anna comenzó a retroceder, pero la seguía sin separarse un ápice de la joven. Algo en el suelo la hizo tropezar y cayó de espadas. La daga fue a parar cerca pero no lo suficiente, no podría alcanzarla. Era su fin, ese monstruo la mataría allí mismo. Se inclinó hacia ella y comenzó a rugir, sabía que iba a atacarla en cualquier momento, por eso cerró sus ojos fuertemente.

Fue inesperado, se escuchó un fuerte golpe, pero ella no sintió ningún dolor. Abrió los ojos, no estaba... Un rugido, un aullido... Miró a su derecha, había dos criaturas luchando ¿Qué estaba pasando? Ambas tenían el mismo aspecto, pero una de ellas, la había salvado segundos antes ¿Porqué? ¿Porqué estaba luchado con su igual para protegerla? ¿O simple casualidad encontrarse en medio de una pelea entre bestias? Observaba como se propiciaban golpes que para un humano serían mortales. Una de ellas pudo agarrar a la otra entre sus brazos, le apretaba tanto que Anna escuchaba impotente los gemidos de dolor de la criatura apresada. Pero esta le asestó un mordisco en el cuello a la otra. Un aullido fuerte resonó en el bosque, la bestia herida calló de rodillas al suelo, la sangre brotaba de su garganta. Al verse herida retrocedió unos pasos antes de huir corriendo, desapareció en la oscuridad rápidamente.

Anna seguía inmóvil ante la escena, entonces miró a la otra criatura, aún estaba ahí ¿Que debía hacer? ¿Cual de las dos era? ¿La que estaba apunto de matarla hace unos instantes? O ¿La que la salvó de su muerte inminente? Su mente se quedó en blanco, la criatura se le acercaba lentamente. Anna se dio cuenta entonces, tenía la daga a sus pies. No dudó la recogió y con un impulso se abalanzó hacia el ser que la miraba. Le hizo un corte certero en la mano. No lo habría logrado si la bestia hubiera tenido la intención de hacerle daño, la criatura solo se cubrió con la mano. Aun herida la seguía mirando, no se quejó de dolor, solo la observaba. Esos ojos... No eran como los de la bestia que atacó a su hermano, ni la que hace segundos estaba apunto de acabar con su vida. Ese ser la había protegido y ella le había herido. Soltó el cuchillo, se sentía culpable ¿Qué pasaría ahora? Sin más, se puso a correr, quería volver a casa. Su mente estaba confundida y no le dejaba pensar con claridad, solo quería llegar a casa...”

-¡¿Anna?! ¿Otra vez?- Ahora Evans estaba frente a ella, la miraba preocupado. Fue ahí cuando se dio cuenta. Esos ojos, aun siendo humano, eran los mismos que el ser que la había salvado...

-Tú, tú me salvaste de esa criatura. Tu eres un...- Intentó transmitir tranquilidad, pero parecía aterrada.

-Si, desgraciadamente también soy un hombre-lobo, Anna- Se apartó de ella, quizás la asustara con su sola presencia, no quería incomodarla. Ella se sentó en la cama un tanto mareada.

-Gracias, Dan- El hombre se giró hacia ella, sorprendido, como si no creyera lo que acababa de oír. -No quería hacerte sentir que tenía miedo de ti. Tengo miedo, pero de la misma situación. Estoy dispuesta a ayudarte a resolver todo esto y a traer de vuelta a mi hermano ¿No sabes quién es la criatura en su forma humana?

El joven estaba demasiado impresionado, Anna acababa de descubrir su verdadera naturaleza y en vez de huir le ofrecía su ayuda. No respondió a la pregunta hasta segundos después, debía asimilar la reacción de la mujer que tenía frente a él.

-Llevo en este pueblo una semana, creí que el caso por el que estaba aquí no tenía nada que ver con la muerte de esas chicas...- Estaba ahora andando por la habitación haciendo gestos con las manos para que Anna entendiera la magnitud de la situación. -...Pero cuando estaba apunto de averiguar quien era el responsable de las desapariciones, ayer apareció esa chica muerta, cuando el cazador la dejó en la calle observé, entre la gente, el cuerpo. Esas heridas solo podrían ser de un licántropo. Todo estaba claro, pero ¿Cómo podría haber escapado esa muchacha de un ser tan mortal?

-Nos la encontramos en el bosque, esa bestia la había dejado sin un brazo, mi hermano... se sacrificó por nosotras...- Anna interrumpió al joven para aclarar su duda.

-Sí, lo entendí anoche. Sabía que volvería a cazar, así que me adentré en el bosque... Llegué a una especie de cabaña, lo que vi no se puede describir con palabras, simplemente fue espeluznante...

-Sé lo que viste. Te he mentido un pelín, antes alcancé a leer un poco de lo que tenías en tu libreta...- Se disculpó dulcemente. Sabía lo que Evans había visto, calaveras en las estanterías de esa casa y un altar dedicado a la Luna.

-Deduje que ese licántropo llevaba a raja-tabla las convicciones de serlo, matar solo en Luna llena y conservar sus “trofeos” como signo de fe hacia su raza y condición. Salí de allí dispuesto a matar a esa bestia, no podía arriesgarme a que nadie descubriera lo que era y siguiera matando a inocentes. El resto ya lo sabes...- Paró de pasearse por la estancia y miró a la joven.

-¿Tú...- Evans sabía perfectamente que iba a preguntar Anna.

-Nunca he llevado al extremo mi condición de hombre-lobo, en ese sentido soy... ¿Vegetariano?- Puso un especial énfasis en la palabra “vegetariano” ayudándose con sus manos, imitó unas comillas con ellas. Anna sintió cierto alivio al escuchar eso, sonrió.

-Lo que no entiendo es ¿Porqué tengo estas lagunas mentales? Además el resto del día me siento tan mal, en un principio pensé que era por todo lo que está pasando pero ya no lo veo normal- Se tocaba las sienes ahora.

-Sospecho que te han estado suministrando ínfimas cantidades de Escopolamina. Como fármaco, es recetado para mareos y náuseas. Como uso improcedente produce perdida de conciencia por unos minutos, perdida de memoria y lagunas mentales. Según la dosis puede llegar a provocar la muerte- El joven tenía sus brazos cruzados y estaba apoyado en la pared.
-¡¿Envenenada?! ¿Para qué?- Se encontraba levantada, se pasaba la mano a lo largo de su frente. Estaba muy confundida. De pronto recordó el bote que encontró en el almacén de su tienda. “Mareos” era la nota superpuesta en él y la verdadera etiqueta del bote que se transparentaba. “Escopolamina” Pero... ¿Qué hacía ese medicamento en su tienda? Los únicos que tenían acceso a ese almacén eran su hermano, Jessica y ella...

-A mí también me parecía bastante raro pero esta mañana lo entendí, todas las veces que nos hemos encontrado, te he visto tan perdida... Pero cada vez has recordado algo... Lo que me ha llevado a pensar que te estaban envenenando...- El joven volvía a andar por la habitación, parecía una costumbre adquirida. -El asesino no quería que recordases nada, siempre has estado tan cerca de la verdad... Quería desviar mi atención hacia ti... Quería hacerme pensar, hacerte pensar que eras culpable... Al principio lo creí, te vi allí espiando al cazador y al comisario... Tu olor.. desprendías el olor característico de un hombre-lobo, entonces comencé a seguir tus pasos- Anna recordó cuando vio la figura entre los arbustos del parque. -pero anoche me quedó claro que eras inocente... Tenía que ser alguien que estuviera tan cerca de ti que te transmitiera su olor...

Todo estaba claro ahora...



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