miércoles, 21 de marzo de 2012

Un Día Cualquiera

Esta es mi primera historia para entrar en calor pero espero que pasemos momentos divertidos, angustiosos, intrigantes e incluso excitantes ¿Quién sabe? Intentaré que os lo paséis bien. Bueno aquí os la dejo...


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Un Día Cualquiera


Nunca pensó que se encontraría en esa situación: él huía de ellas; era un cobarde, eso lo tenía asumido; jamás esperaría esa reacción en él mismo, pero ahí estaba con aquello que le recorría todo el cuerpo; ¿Qué era esa sensación?...

Antes de responder a su propia pregunta recordó lo que iba a ser un día cualquiera. 

Odiaba ese sonido. El despertador tenía la costumbre de despertarle justo cuando estaba en uno de esos sueños donde su vida era algo más que ir al instituto y ser el típico cobarde que en verdad era. En esos sueños el tenía la valentía de decir lo que pensaba y actuar según lo que sentía, algo que jamás se le pasaba por la cabeza hacer en la realidad. 

Con un golpe grotesco apagó el despertador, con gran pasividad se incorporó y comenzó a vestirse. Después de desayunar algo, salió de casa a prisa, no sabía el porqué pero por mucho que lo intentara siempre llegaba a clases con el tiempo justo, tampoco le importaba mucho, la verdad es que no le importaba nada últimamente. Se maldecía por ser tan pusilánime y tenerlo tan asumido.

Todos los pensamientos que rondaran por su cabeza desaparecían cada vez que ella entraba en la clase. Era tan hermosa que su mente no daba para más que sólo contemplarla como un estúpido. Ella lo sabía, claro que lo sabía, pero él jamás podría admitir lo que sentía, era demasiado cobarde para afrontar algo así. 

Su pupitre estaba justo delante del de él y al sentarse su larga melena casi rozaba su cara, ese olor que dejaba al hacer aquel movimiento lo extasiaba. Años sintiendo lo mismo por esa chica y jamás pensaba en cambiar el ser sólo un compañero insignificante para ella, se conformaba con esos detalles que la hacían única para él...
Después de fingir atender en las clases y no apartar la mirada de ese color canela que desprendía el cabello de la chica con la que jamás saldría, comenzó a recoger sus cosas para volver a casa como todos los días, siempre tan automatizado, algunas veces pensaba si se trataba de un robot sin valor ni espíritu, se reía al pensarlo, realmente estúpido por su parte. 

Hacía frío en la calle al salir pero no se llevo ningún abrigo, se molestó consigo mismo por eso, cruzó los brazos sobre su pecho inútilmente para calentarse un poco pero al ver que no servía de nada aceleró el paso sin llegar a correr.

“Otro estúpido día en mi vida” pensó mientras se helaba de camino a casa.

–Suéltame por favor.

No estaba seguro si lo escuchó en realidad o estaba alucinado, se le aclararon todas las dudas cuando volvió a escuchar esa voz en un tono más fuerte, casi gritando. Se paró en seco.

–¡Suéltame!

Él era un cobarde; él evitaba esas situaciones aún sabiendo que pasaba algo malo; él no se metería; él huía de eso, así que se dispuso a seguir su camino...
Volvió a escuchar esa voz, era voz de mujer, pero no estaba dispuesto a averiguar qué pasaba, entonces ¿porqué se había parado en seco? 

"¿Por qué estás avanzando hacia la voz?" Se preguntaba sin cesar su paso hacia ella,
"¿Qué coño estás haciendo?" Se acusaba sin hacer caso a su mente, avanzando...

El tipo la estaba presionando contra la pared y ella gritaba que se detuviera. Entre contenedores, el joven no alcanzaba a ver a las dos personas con claridad, aun así paró a ver que sucedía, aunque lo sabía perfectamente. El tipo agarró la muñecas de la chica para que no tuviera escapatoria y comenzó a besarla con insistencia, ella gritaba.

–¡Suéltame cobarde!

Algo en la cabeza del muchacho, que estaba observando la terrible escena, se activó: “cobarde”, eso era él y eso era lo que sería por siempre si dejaba que ese tipo continuara...
¿Podría cambiar algo si actuaba? Por primera vez en su vida no se contestó y actuó según lo que sentía...

Sin previo aviso se acercó a las dos figuras y con determinación apartó de un fuerte empujón al tipo que cayó de espaldas. En ese mismo momento el joven se dio cuenta que aquel estaba borracho. Al caer vio que cuando intentó incorporarse, comenzaba a resbalar torpemente. Era un hombre de unos cuarenta y tantos años. Poco a poco se puso de pie e intentó dar un puñetazo al joven, pero este lo esquivó fácilmente. El tipo casi cae de nuevo, se veía que su mundo tambaleaba. 

–¡Mejor lárgate! No creo que quieras acarrearte más problemas de los que ya tienes, desgraciado.

No sabía de dónde sacó el valor para decir esas palabras pero aún así lo hizo; por una vez en su vida no le importaban las consecuencias; por fin se sentía diferente, aliviado... 

El tipo, sin decir nada, lo dejo estar y se fue haciendo zigzag por callejón hasta que desapareció por la esquina.

–Gracias.

Durante un momento se olvidó por completo de la mujer a la que el tipo estaba atacando. De espaldas a ella, asegurándose que el tipo se largaba del lugar, la escuchó decir esas palabras. Algo que nunca había oído por importarle muy poco los demás, o eso es lo que él creía. Pero una sensación aun más intensa recorrió su cuerpo, esa voz le resultó conocida, muy conocida, incluso dudó dar la vuelta a confirmar de quién pertenecía. A estas alturas no había lugar para amedrentarse así que se giró hacia la mujer.

Ese pelo color canela no podría ser de nadie más que de ella. Jamás pensó que la tuviera mirándolo tan fijamente, con los ojos llorosos y con una amplia sonrisa de agradecimiento en los labios. Ella no pareció darse cuenta de quien era él hasta segundos después...

–¡Tú!

Temía que esa sonrisa desapareciera al reconocerlo, pensar que el pusilánime de la clase la salvara de ese tipo era para que comenzara a reírse ampliamente de la situación en su propia cara. No fue así, algo que nunca pensó que sería posible pasó: ella se abalanzó sobre él, esto lo hizo retroceder un paso para equilibrar y no caer. No podía creerlo, ella lo abrazaba fuertemente como si no quisiera dejarlo ir. Quizás el actuar según lo que sentía podría cambiar lo que era: un cobarde. La rodeó con sus brazos y la tranquilizó acariciando su pelo suavemente.

–Ya está, ya se ha ido, tranquila.

La chica se alejó un poco y aún con el susto en su cuerpo, seguía sonriendo ampliamente hacia el joven que la había salvado.

–T-te... te acompaño a casa.

No lo preguntó, sonó como una exigencia que la chica acató sin decir nada, sólo avanzó sabiendo que el joven la seguía de cerca. Ambos sonrieron para si. Él jamás había tartamudeado, no sabía que fue lo que le hizo atascarse de tal manera: la situación o tener en frente a la chica por lo que se le olvidaba todo. Le daba igual, no quería contestarse las preguntas como siempre, sólo quería verla a salvo de una vez. 

Al llegar a la casa de la muchacha, esta volvió a agradecer la actuación del chico y dijo algo que se clavaría en la mente de este.

–Creía que no te importaba nada ni nadie, por eso jamás me he atrevido a hablarte. Veo que he estado equivocada –sonrió mientras alzaba su mano y se despedía de él–. Te veo en clases ¡Hasta mañana!

–Hasta mañana –respondió él.

Mientras la veía entrar en su hogar llegó a una conclusión.

Aquel día no fue uno cualquiera, eso estaba claro.



FIN


 
Un Día Cualquiera por Laura Ramírez Patarro se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.