lunes, 5 de noviembre de 2012

Elemental VI

Capítulo seis de esta historia, quiero que opinéis con vuestra más sincera opinión y que por favor divulguéis si os está gustando... Ya solo os dejo con la continuación de este relato. Besos!!!


Capítulo 5: Un descanso



Capítulo 6: Casta



La reacción de la joven al ver que rompía aguas fue la de mirar inmediatamente a su acompañante, el dolor que padecía ahora era demasiado fuerte y con un extraño mirando, la situación para ellos era un tanto vulnerable. El individuo repentinamente se quitó la capucha avanzando hacia la chica. Ambos se asustaron pero al ver lo que ocultaba debajo de su capucha se tranquilizaron.
Era una mujer madura de unos cincuenta años con cara amable y una expresión de preocupación sincera. Al fin y al cabo los había salvado minutos antes, no representaba una amenaza y menos con su apariencia.

-Pequeña... Está claro que el bebé quiere salir ya, no ha sido bueno correr como lo has hecho antes, se te ha adelantado el parto, querida- La joven miraba aún con mucho dolor a la mujer que la observaba con ternura pero a la vez la regañaba.

-No había otra opción señora- La voz del joven sonaba molesta al defenderse. Pero ella tenía razón, la muchacha no tenía que haber corrido de esa manera.

-Lo sé pero el hecho es que ella está de parto ahora mismo por culpa de sus movimientos, joven- La mirada de la mujer se clavó en los ojos gris platino del hombre que ahora apartaba la mirada ¿Por qué lo miró así? Como si lo hubiera descubierto... Sin más la extraña guió a la muchacha a una habitación contigua, él rápidamente las siguió, vigilando todos los movimientos de aquella mujer -Supongo que el parto de un humano no será tan distinto al de un Essens... Recuéstate en la cama muchacha... ¡Tú! En ese cajón de tu derecha hay telas y una palangana, llénala de agua y traémela- La joven se dejó llevar ya que el dolor no le daba otra opción que ceder.

-Pero ¿Qué va a hacer señora?- Él se acercó a ella rápidamente para detenerla.

-¿Qué crees que voy a hacer? Voy a ayudarla a traer un niño al mundo, seré su comadrona o ¿Sabrías hacerlo tu? En esta situación no puedo creer que aún intentes esconderlo, sé perfectamente que el niño es un Homssens- Ante la respuesta contundente de la mujer, el joven se apartó, con recelo, pero al final cedió. -¡Date prisa y traeme lo que te he pedido! ¡Si no quieres que esta mujer sufra más de lo debido!- Saliendo de su torpe comportamiento obedeció la petición de esa mujer, con un nerviosismo evidente comenzó a buscar desesperadamente. Al encontrarlos dejó las telas encima de la cama y se fue de la habitación. Volvió con la palangana rebosante de agua observando que aquella no era la primera vez que esa mujer había ayudado a una mujer a dar a luz.

-Deja eso aquí y vete fuera, esto va a tardar un poco...- Acto seguido el joven obedeció sorprendentemente sin ninguna queja, cerrando la puerta tras de si. Ahora estaba en el salón de la casa, el estilo era bastante antiguo y todo estaba hecho de madera. Realmente era una estancia confortable y tranquila. Un quejido de la joven lo hizo salir de sus pensamientos, su impulso fue ir corriendo hacia la habitación pero la voz de la otra mujer lo hizo pararse en seco.

-Empuja, muchacha ya está aquí ¡Tu bebé ya casi está aquí!- Todo parecía ir bien, pero los nervios no lo dejaban estar quieto, andaba de un lado a otro de la puerta de la habitación.

Por fin la puerta se abrió, la mujer sonreía ampliamente mientras se limpiaba las manos. El joven sonrió y sin decir palabra entró a ver al recién nacido. Ahora la joven se encontraba arropada con mantas y con su hijo en brazos, lucía cansada pero con un aura de paz y felicidad, su rostro estaba al descubierto, su nariz estaba recubierta por un material transparente casi imperceptible, parecido a una mascarilla de oxigeno que solo ocupaba su cavidad nasal, de ambos lados salían un par de tubos con diámetro menor al de una pajita que se perdían detrás de sus orejas. Se podía entrever que en su nuca llevaba algún mecanismo que convertía el imperante dióxido de carbono en puro oxigeno. Miraba dulcemente a su hijo y eso conmovió al joven mientras se acercaba a aquella hermosa estampa.
Se sentó al lado de ellos, la joven con ternura le ofreció al niño con sumo cuidado. Al examinarlo bien sonrió. Era un bebé realmente precioso y se veía perfectamente la casta de los Essens en él.

-Tiene tu boca y los...

-...Los ojos de su padre- Lo interrumpió la mujer que volvía con una mueca burlesca. El simplemente se quedó callado, esa extraña había descubierto lo que era. -¿Qué trae fuera del Eras a una humana preñada y a un Homssens? ¿No sabéis que estamos frente a una inminente guerra, muchachos? Corréis peligro aquí fuera- No había sorpresa en su rostro, tampoco maldad y mucho menos acusación. Pero ellos estaban impactados por la deducción acertada de aquella extraña, que por suerte los había salvado de una muerte segura. El joven decidió hablar, devolviendo el niño a los brazos de su madre.

-Sí, soy un Homssens como este niño pero no es mi hijo, es hijo de mi hermano... Tengo la misión de mantener segura a mi cuñada y ahora también a mi sobrino, por mucho que odiase a mi hermano debo cumplirla... Ya dije todo lo que tenía que decir ¿Ahora vas a delatarnos?- Sabía perfectamente que esa mujer no lo haría pero quería cerciorarse de eso a como diera lugar. La mujer por unos segundos mostró una mueca de sorpresa que tapó con un carraspeo.

-Os he ayudado mucho hoy ¿Todavía piensas en mí como tu enemigo?- La mujer no movió ni un ápice de su cuerpo. -Solo he conocido a un Homssens en toda mi vida, un cabezota desde bien pequeño que cometió la locura de ir en busca de su hermano... Quizás no me conozcas pero yo a ti sí. Te he seguido los pasos desde que eras un niño, te he cuidado en la sombra desde que tenías conciencia, te he ayudado en lo que he podido siempre y todo esto gracias a las instrucciones de tu hermano, ese que tanto odias ha velado por ti todos estos años... Larnarik

-¿Como...?- Se levantó sorprendido ante tal revelación.

-¿Como sé tu nombre? ¿Como te he reconocido? Tus ojos, cuando he visto esos ojos mi corazón ha dado un vuelco, pesaba que estabas muerto... Que había fracasado en protegerte... Pero aquí estas, de vuelta... Pero dime ¿Traes a la mujer de tu hermano y no a él? No me digas que ha decidido quedarse allí por más tiempo... Ambos estáis locos...- El joven se acercó con un aura sombría hacia la mujer que por fin había reconocido, algo que le hizo quitarse la capucha y la tela que tapaba parte de su rostro. No había más necesidad de hacerlo, aunque el rostro que lucía aquel muchacho era bien atractivo su gesto era desolador. La mujer frunció el ceño en busca de una respuesta a tal comportamiento.

-Dio su vida por nosotros, pudimos salir de allí gracias a él. Él, mi hermano, está muerto Hanatha...- La cara de la mujer cambió, estaba sorprendida pero no parecía creer lo que el joven acababa de informarle.

-¡Eso es imposible Larnarik!- Gritó contundentemente después de haber girado sobre si misma, ahora lo miraba pero no había lagrimas en sus ojos, ni nada que denotara tristeza en sus ojos.

-Hanatha, vimos como era herido de muerte delante de nosotros... Debes aceptarlo- Miró a la joven recostada en la cama, le dolía cada vez que recordaban aquello.

-No es cuestión de si se acepta o no, hijo. Te digo que no está muerto- Mientras decía esto sacaba de un cajón de la mesilla una especie de carta. Al entregársela al joven este dudó en abrirla o no, al mirar a la joven que observaba con curiosidad lo que sostenía decidió a desdoblar el papel y leerlo:

“No he contactado contigo por mucho tiempo, mis disculpas mi señora...

Ocurrió algo bastante grave aquí y muchos de nuestros contactos han muerto, solo decirte que él está vivo, un milagro (Como la llamo yo) salvó a nuestro líder. Existe la posibilidad de que su hermano si esté muerto, cometió la locura de venir aquí y no sabemos si llegó a salir vivo. Te rogamos como siempre que esta información no sea revelada a nadie o sería el fin de todo lo que hemos hecho todos estos años...

Un cordial saludo, Fénix”

-Espera, ¿Ese “Él” del que habla, es mi hermano?- El joven tenía una expresión de total asombro.

-Así es hijo, no es seguro decir nombres reales en este tipo de mensajes...

-¿Cuando recibiste la carta?

-Hace dos meses, la duración del trayecto, desde donde proviene hasta que llega aquí, puede variar de dos a tres semanas... Así que la escribió seguramente hace casi tres meses- La señora estaba convencida de lo que afirmaba. Ambos jóvenes sabían lo que eso significaba, el padre del niño estaba vivo, unas lagrimas cayeron por la mejilla de la muchacha.

-Nosotros salimos de allí hace cerca de siete meses. Si lo que dice la carta es cierto... ¡Mi hermano está vivo, vivo!- Miró a la joven y sonrió, estaba contento por ella, el padre de su hijo aún vivía y este podría conocer a su padre. Quizás lo odiara, pero jamás le desearía la muerte, al fin y al cabo era sangre de su sangre...

-Pero debes prometerme que no intentarás volver allí, Larnarik- Su tono era de suplica pero a la vez sonó contundente y dictatorio.

-Hanatha... Ahora más que nunca tengo que volver a por mi hermano, tiene un hijo al que a de conocer y aún debe darme algunas explicaciones. Sé que sonará raro pero necesito comprenderlo para quitarme este odio de encima que me reconcome- No miró a la joven ya que lo que decía sabía que la estaba hiriendo, pero era la verdad y debía volver a encontrase con su hermano.

-Te suplico que no vuelvas a hacer esa locura, tu hermano sabe perfectamente lo que hace, nuestros esfuerzos serán en vano si tu comentes el error de entrometerte. Por favor haz caso de mi petición- Ahora la mujer lo agarraba del brazo con el fin de convencerlo de no cometer una nueva locura.

-Solo esperaré un tiempo, si no avanzan los planes, que según tu tenéis, no tendré más remedio que actuar por mi cuenta- Tocó la mano que se aferraba a su brazo para tranquilizar a la mujer pero en su cabeza no pensaba lo mismo que había asegurado hacer...

Estuvieron varios días en casa de Hanatha. Nakira, que así es como se llamaba la joven iba recuperándose rápidamente, la mujer pensaba que los humanos eran bastante lentos para eso, pero comprobó que las hiervas medicinales y los cuidados hacían incluso más efecto en aquella humana.

La joven entró a la cocina. La mujer estaba cortando carne para la comida y se giró sonriendo hacia la joven. Observó como la muchacha miraba hacía su alrededor buscando a Larnarik.

-Está en el mercado, le he pedido que vaya a por un par de especias. Regresará enseguida, no te preocupes querida- La joven simplemente sonrió, hizo el amago de ir hacia la mujer para ayudarla pero el llanto del bebé la obligó a ir hacia él.

En el mercado, Larnarik paseaba por los puestos. Miraba como muchos comerciantes gritaban bizarramente, acto que lo hizo sonreír. Un puesto llamó su atención tenía infinidad de botes con especias, eso era lo que la señora quería para la comida. Se agachó para examinar perfectamente cada tipo de condimentos.

-Hay tantos... ¿Y cuál es el que me ha dicho? Como llegue sin nada estoy perdido... Creo que me llevaré uno de cada- Sonrió solo de pensar en llevarse tantos botecitos, misión imposible no derramar ninguno. Volvió a sonreír y alzó su mano para llamar al vendedor pero alguien casi lo hizo caer encima de todo el puesto de especias. Con una gran maestría saltó por encima de ellos sin tocar ni uno y miró molesto al individuo que lo empujó.

-¡Deberías tener más cuidado!- Espetó mirando al extraño, lucía una capa que lo tapaba de pies a cabeza. Su aura era bastante extraña también y eso lo hacía bastante sospechoso.

-Lo siento, joven- Casi lo susurró pero la disculpa llegó a oídos de Larnarik que hizo un gesto con su mano restándole importancia al asunto. El tipo se fue rápidamente.

-¿Qué demonios...?- Algo le decía que debía seguir a ese encapuchado así que dejo la compra para después y fue tras él.

Pudo observar como actuaba extraño, de vez en cuando se escondía detrás de una columna o entre un grupo de gente. Ahora Larnarik estaba seguro, ese tipo estaba siguiendo a alguien ¿Pero a quien?
¡Bingo! Dos personas comenzaron a correr, habían descubierto que aquel individuo los seguía. Inmediatamente aquel tipo fue tras ellos y sin pensar nada más Larnarik lo imitó ¿Qué demonios estaba haciendo? Eso no era asunto suyo, en fin dejó de preguntárselo y corrió aún más rápido. Por la aglomeración de gente estaba cada vez más lejos de ellos, pero ese tipo no se rendía en su persecución, algo que cansó bastante a Larnarik, estaba por dejarlos cuando al joven se le ocurrió una idea. Agarró una fruta de uno de los puestos y la lanzó a las ruedas de un carromato un poco más adelante del individuo que insistía en perseguir a aquellas personas. La rueda cedió y el carromato se precipito al medio de la calle haciendo que aquel hombre cayera al tropezarse con él. Vio como aquellos a los que perseguía habían aprovechado la oportunidad y se perdían por una bocacalle.

-¡Toma esa!- Gritó Larnarik en medio de toda la gente, se sintió avergonzado al ver que todos giraban la mirada hacia él. Sonriendo se alejó y volvió al puesto de especias para terminar lo que había ido a hacer.

-Dígame lo que desea joven- Atendió afablemente el vendedor yendo hacia él.

-Uno de cada- Los ojos del comerciante se agrandaron pero al ver las monedas que sacaba Larnarik de su túnica... -¡Por supuesto joven!- Comenzó a entrar una docena de botellitas en una especie de cesta y se la ofreció al muchacho. Este dejó la mercancía entre sus pies y le dio las monedas.

Ya iba a salir del puesto cuando sus ojos se toparon con el hermoso rostro de una joven. Ella andaba hacia la posada que tenía en frente, pero giró su rostro varias veces hacia los lados, por suerte no lo descubrió mirándola. Estaba embobado desde que se le cruzó, sus ojos eran oscuros algo bastante extraño entre los Essens pero eso la hacía aún más atractiva, sus facciones delicadas pero a la vez muy llamativas lo envolvieron por completo. Su figura era perfecta y su estilo lo dejó aún más ensimismado. El joven que la acompañaba era bastante bajo y la seguía muy de cerca ¿Quizás era su hermano? ¿Por qué le costaba pensar que era su prometido o su esposo? ¿Pero que demonios estaba pensando? La vio entrar a la posada, sacudió su cabeza fuertemente y fue de regreso a la casa de Hanatha. 

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