martes, 11 de diciembre de 2012

A través del tiempo II

 Aquí os traigo el segundo capítulo de mi fic, solo espero que os guste. Muchos besos!!!


Capítulo 1: El camino más fácil




Capítulo 2: Los mecanismos del destino



El joven deslizaba el pincel por el lienzo, tantos años de aprendizaje sirvieron para algo, se dijo mientras esbozaba lo que parecía un caballo. Torció bruscamente hacia un lado cuando brincó por el susto que le provocó aquel sonido. Era su sirviente, había entrado rápidamente en aquella estancia llena de paz, ahora solo la respiración del recién llegado se escuchaba. Jamás lo había tratado como tal, incluso tenían una gran amistad pero nunca se acostumbraría a la brusquedad con la que irrumpía su espacio. Lo miró bastante molesto para que soltara lo que venía a decirle con tanta urgencia. Era joven pero tenía varios años más que Jin Ki, de mirada perdida y rostro peculiar. Siempre había sido su mano derecha, protegiéndolo de cualquier peligro. Su mejor amigo.

-Jin Ki, tenemos problemas- Avisó sin más. Ahora pasó su mirada por el lienzo de su señor y frunció el ceño. -¿Se supone que eso es un caballo?- La expresión del joven cambió a una bastante más fruncida.

-Se ve a simple vista que lo es, eres tú el de vista distraída- Atacó Jin Ki con su orgullo herido. -¿Qué demonios pasa ahora, Sung Hyo?- Cambiando de tema al ver que el hombre aún giraba su cabeza para observar mejor el supuesto caballo.

-Debemos huir, huir muy lejos- Ahora se encontraba revolviendo cajones y estantes, sacando todo de su sitio.

-¡Para, Sung Hyo! ¿De qué demonios hablas?- Sin más se puso en pie y agarró a su amigo por el brazo para detenerlo.

-No hay tiempo para explicártelo ahora, solo debemos irnos antes de que te encuentren- Se soltó con brusquedad y volvió hacia los cajones.

-¡Sung Hyo!- El grito hizo que este dejara lo que estaba haciendo, se puso de pie y observó el suelo como si estuviera por confesar una travesura.

-Jin Ki, a... a Bu Yong la han matado, está... está muerta Jin Ki- Al decir esto los ojos del joven que recibía la notica se agrandaron, no podía ser, eso era imposible.

-¿Qué? No Sung Hyo, eso es imposible. Debes estar equivocado, ayer... ayer mismo vino a molestarme con lo de siempre... No ahora no puede... No puede estar muerta...- Sus palabras cada vez eran más débiles, aunque la odiaba por recordarle siempre su matrimonio concertado con ella, jamás le desearía la muerte... ¿Qué estaba pasando? Su cuerpo tambaleó y si no fuera por la ayuda de Sung Hyo hubiera caído al suelo.

-La gente te está acusando, Jin Ki. Dicen que tu eres el asesino. Vienen a por ti. Debemos irnos- Lo dejó sentado mientras volvía a lo que estaba haciendo, ahora estaba poniendo todo encima de una tela blanquecina para después cubrirlo todo con ella a modo de saco. Jin Ki aún seguía digiriendo todo lo que su fiel amigo le acababa de comunicar. -Vamos amigo, debemos irnos- Intentó poner en pie a Jin Ki pero este lo empujó a un lado.

-¡No! ¡Soy inocente, no tengo por qué irme como un cobarde!

-Déjate de tonterías, no te escucharán. Solo debemos irnos antes si quieres vivir Jin Ki- Volvió a su lado agarrándolo de un brazo pero él volvió a soltarse.

-¡No! ¡Esto es algo imposible, soy inocente!

-Lo sé, yo te creo pero ellos no. Ayer Bu Yong vino aquí y nadie más volvió a verla. Está más que claro lo que piensan sobre esto Jin Ki... Por favor, huye... Hazlo por mi. Venga vayámonos- Sung Hyo tenía toda la razón, debía haber algo que hacer para mostrar su inocencia. Si se dejaba atrapar solo lo ejecutarían sin más. Dejo que ahora sí lo llevara fuera de la estancia sin mirar atrás...

-¡Alto!- Se escuchó una voz detrás de ellos, si paraban estarían perdidos. -¡Alto!- Corrían como alma que llevaba el diablo, no divisaban nada ya que estaba cayendo la noche pero debían correr sin más.

-¡Jin Ki, por aquí!- Indicó gritando Sung Hyo girando un poco a su derecha, debía seguirlo. Siempre confiaba en la magnifica orientación de su amigo.

Lo que vio podía salvarlos por ahora, era una especie de hueco en la superficie que se había formado por la raíces de aquel árbol, el suelo estaba inclinado en esa ladera así que el ángulo era perfecto para un improvisado escondite y que los perseguidores pasaran de largo...
Sung Hyo entró derrapando pero Jin Ki tropezó, al gritar por el golpe ambos se pusieron en alerta. Afortunadamente no parecían haber sido descubiertos.

Pasaron varios segundos hasta que alguien pasó delante de ellos, solo se podían ver sus piernas. Era algo extraño, su vestimenta no era el típico hanbok. Sus piernas estaba cubiertas solo por una tela ceñida a ellas y su calzado era algo bastante peculiar, Jin Ki frunció el ceño ¿Quién era ese individuo de ropajes tan extravagantes? Quiso sacar un poco su cabeza de aquel hoyo pero Sung Hyo se lo impidió, debían estar inmóviles y sin hacer ningún ruido. Aquella persona estaba girando sobre sí misma como si estuviera perdida, desorientada... Adivinó que era un hombre puesto que ahora gritó en signo de frustración.

-Sung Hyo, creo que necesita ayuda- Susurró Jin Ki girando hacia su amigo.

-No más que tú, calla si no quieres que te linchen antes de probar tu inocencia- Quizás tenía razón, así que esperó observando de nuevo los pies del hombre ante ellos.

-¡Alto!- Se volvió a escuchar aquella voz entre la oscuridad de la tarde que ya imperaba en aquel bosque. Aquellos pies giraron en el sentido contrario a la voz para escapar de ella. Jin Ki observó que al tipo se le cayó algo, sintió una curiosidad tremenda por saber que era aquello pero debía esperar. Varios pies pasaron frente a ellos, por sus vestimentas se podía adivinar que eran soldados, estaban persiguiendo a aquel extraño pero ¿Por qué? ¿No iban tras ellos dos? Salieron al ver que ya desaparecían por el bosque.

-Ese chico nos acaba de salvar el cuello, Jin Ki- Afirmó sin más Sung Hyo emitiendo un leve suspiro.

-Y por nosotros el perderá el suyo, Sung Hyo- Contestó con leve tristeza. Por un momento se le olvidó pero al sentir un pequeño destello del suelo observó que provenía del objeto que había perdido aquel desconocido, se agachó para recogerlo. Era algo precioso: redondo, dorado y con grabados pero no sabía de que se trataba, llevaba una cadena por lo que pensó que quizás era un colgante. Observó detenidamente, por una parte lucía unos símbolos negros en la circunferencia blanca de aquel objeto; por otra parte unas ruedecillas que por su astucia y deducción entendió que movían las agujas de la parte delantera. Quizás era algún método para contar algo pero no tenía tiempo para averiguar el qué.

-Tienes razón, pobre chico- Giró hacia Jin Ki y al verlo agachado fue hacía él. -¿Y eso?

-No lo sé pero se le ha caído al tipo que ahora andaban persiguiendo- Dicho esto se colocó el objeto a modo de colgante y lo ocultó debajo de su hanbok.

-Debemos continuar, no sabemos cuando volverán- Sentenció Sung Hyo dirigiendo sus pasos hacia el norte.

Pasaron dos días y por fin divisaron una aldea, fueron a la posada más cercana para reponer fuerzas. Estaban ya comiendo cuando el tema de Bu Yong surgió de nuevo.

-¿Sabes quién ha podido ser?- Preguntó Sung Hyo con tono bastante triste, le tenía un cariño especial a aquella mujer y su amigo estaba perdido por algo que no había hecho. Sacar el tema era algo delicado pero tenía que hacerlo para que Jin Ki sacara todo aquello para descargarse.

-No lo sé... No sé quién puede tener esos pensamientos de quitarle la vida a otra persona, de verdad no lo sé...- Su mirada estaba perdida, quizás ahora se daba cuenta de la situación y andaba analizando todo a su alrededor.

-Será muy difícil probar tu inocencia ¿Por qué no lo olvidamos y nos vamos lejos?- Tal pregunta removió sentimientos en Jin Ki, debía haber alguna manera, algo que pudiera probar que era inocente...

-Si tan solo...- Por alguna extraña razón miró su pecho, sacó aquel objeto y lo observó. ¿Por qué le atraía tanto? ¿Por qué sentía esa tristeza? ¿Por qué en ese mismo instante lo estaba llamando? -Solo desearía poder probar mi inocencia, estar en un mundo donde las pruebas fueran fundamentales, donde yo pueda estar con la mujer que ame...- Recordar su vida como prisionero de las decisiones de los demás lo hizo soltar varias lágrimas cerrar sus ojos y apretar fuertemente aquel objeto que sin darse cuenta brillaba ferozmente.

Al abrir sus ojos no observó a su amigo devorando la comida como segundos antes... Observó un precioso cielo estrellado y un frío que calaba los huesos. Estaba de pie, inexplicablemente estaba de pie. Muchas luces de cosas enormemente grandes a su alrededor lo cegaban ¿Qué estaba pasando? ¿Donde estaba? Parecía estar en un lugar muy alto pero no estaba seguro, miró aún mas a su alrededor. Su mirada se paró en un punto, aquella figura preciosa que por alguna razón lo atraía. Era una mujer, sus ropajes dejaban ves su esplendida figura y su pelo largo ondeaba con cada ráfaga de viento helado. ¿Por qué esa extraña sensación? ¿Por qué sentía que ella era quien lo había llamado?
Se fijó que los pies de la joven estaban casi a la orilla de aquella especie de muro, sus instintos sabían perfectamente lo que la muchacha estaba por hacer, así que para impedírselo, de su boca solo salieron unas palabras:

-¡No lo hagas!


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