domingo, 17 de febrero de 2013

No puedo verte I

AVISO: Contiene ciertos temas que para alguna persona puede ser algo fuerte, pido por favor que te abtengas de leer si eres sensibles a ciertas situaciones como el lenguaje soez, la violencia de género y la violación.


Introducción






Capítulo 1: Inocencia perdida



Un fatídico día de octubre de 2002 / Corea del Sur

-¡No! ¡Suélteme por favor! ¡No!- La muchacha intentaba librarse de los golpes de aquel hombre que intentaba ultrajarla.

-¡Cállate! ¡Las mujeres solo sabéis hablar! Yo te voy a callar...- En uno de sus fuertes zarandeos atinó a darle contra la pared, la joven sintió un fuerte dolor en el hombro pero no podía ceder. Debía resistir para que ese hombre no pudiera hacerle nada. Imposible, era una cría de catorce años contra un tipo de cuarenta. La fuerza que ejercía sobre ella no le dejaba ninguna posibilidad de escapatoria.

-¡Por favor! ¡Ayuda!

-Niña tonta de esta nadie te salvará- Se acercó a ella y rápidamente la tumbó en el suelo. No tubo tiempo de reaccionar hasta que lo vio encima suya. -Te haré callar ahora

Lo que la muchacha estaba temiendo que ocurriera se estaba cumpliendo, tenía la intención de violarla. Le agarró ambas manos por encima de su cabeza para que no pudiera moverse y comenzó a desvestirla bruscamente, ayudándose de una navaja que sacó de uno de sus bolsillos. Las lagrimas recorrían ahora la cara de la niña al ver que encima de ser forzada podría morir en el intento. Giró su rostro para intentar trasladarse a otro lugar. En su mente quizás podría dibujar otro escenario, algo que la ayudara a no sentir nada que ese hombre le hiciera. Fracasó... Todo su cuerpo se estremeció al notar a ese hombre tocarla con manos lascivas pero eso no fue nada comparado con el dolor horrible de sentirlo dentro de ella, desgarrándola una y otra vez como si fuera un desecho sin vida. Logró omitir los gritos mordiéndose el labio inferior tan fuerte que sangró. Las lágrimas se amontonaban por su rostro, se sentía sucia, sucia y devastada, como una vieja muñeca de trapo. Mejor la hubiera matado antes que hacerle eso, su rostro no trasmitía nada, su mirada estaba vacía sin vida. Pero al ver que terminaba cerró los ojos ya que temía mirarlo a la cara.

-¿Ves? Ahora si estás calladita- Sentenció aquel tipo que se subía los pantalones triunfante, como si hubiera hecho el mayor de sus logros. Escuchar esa voz hizo sentir un escalofrío a la joven, le repugnaba el simple hecho de oír a ese desgraciado. No satisfecho con eso la agarró por los hombros para levantarla. A duras penas se mantenía en pie, volvió a golpearla. Su cuerpo tambaleante llegó hasta una mesa en aquella habitación.

La joven no podía creer lo que estaba viendo, un cuchillo se hallaba al lado de dos platos con comida. En un segundo se encontraba agarrándolo y abalanzándose sobre él. Se lo clavó en la espalda ya que, confiado, estaba aun terminándose de vestir tranquilamente.

-¡Perra!- Gritó el individuo dándose la vuelta. Al parecer la debilidad que sufría la muchacha no bastó para alcanzar algún órgano vital. Estaba dispuesta a matarlo por lo que no despegaba sus manos del cuchillo aun clavado en la espalda de ese hombre. Giró bruscamente intentando quitarse de encima a la muchacha pero esta estaba dando todo su esfuerzo para acabar con lo que estaba haciendo. La hoja se hundió un poco más. -¡Agg! ¡Maldita! ¡Maldita zorra!- Ahora sí pudo girar lo bastante rápido como para que la niña saliera despedida hacia un lado. Calló al suelo y observó como aquel tipo sin ni siquiera inmutarse por el arma en su espalda comenzaba a patearla. Un golpe cestero en la cabeza la dejó semiconsciente, por increíble que pareciera le resultó un alivio perder conexión con la realidad. El dolor cada vez era más lejano y los sentimientos estaban ya desapareciendo, sintió un calambre al recibir otra brutal patada en la coronilla y ahí fue donde se sumió como en un sueño profundo. Desde lo más recóndito de su corazón deseó no despertar más.


---


La despertó una leve corriente, notaba como su cuerpo estaba en algo blando. Adivinó que podría estar en un sitio tranquilo y muy cálido, después de escuchar un ruido sintió la necesidad de abrir sus ojos. Sí, los abrió pero todo estaba oscuro ¿Era de noche? No, esa oscuridad no era normal. Su corazón comenzó a acelerarse temiendo su más oscuro pensamiento. Se incorporó bruscamente y fue ahí cuando sintió un dolor punzante en la entrepierna. Todo lo que había pasado volvió a su mente, a su memoria. La ínfima posibilidad de que eso hubiera sido una terrible pesadilla se esfumó. Había sido violada, ultrajada y golpeada como a un perro. Emitió un grito desgarrador antes de ponerse a llorar con todas sus fuerzas.

-¡Sung Hye! ¡Hija! ¡Tranquila por favor! ¡Mi niña, tranquila!- Aquella voz era de su madre, la tranquilizó por unos segundos saber que estaba a su lado.

-¡¿Mamá?! ¡Mamá!- Al buscarla en esa oscuridad se dio cuenta que no podía verla, eso la volvió a sumir en un incesante llanto.

-¡Mi niña! ¡¿Qué le han hecho a mi niña?!- La estrechó entre sus brazos fuertemente pero eso hacia que llorara aún más. Su hija estaba sufriendo profundamente y eso le desgarraba el corazón haciendo que también comenzara a sollozar.

-¡Mis ojos, mamá! ¿Qué le pasa a mis ojos?- Preguntó algo que de por si sabía pero debía, tenia que cerciorarse. La mujer tragó saliva.

-Mi niña...

-¡Por favor! ¡Quiero la verdad!- Por un momento se apartó de ella para mostrarse autoritaria.

-Tú... Tú no puedes ver... Porque estás ciega mi amor- Sus palabras se clavaron en el corazón ya destrozado de la joven. Lo sospechaba pero tenía la esperanza de que no fuera cierto, de que solo fuera algo pasajero... Volvió a cobijarse entre los brazos de su madre para intentar aliviar un dolor incesante que duraría una vida entera aliviar. Su adolescencia feliz había acabado de una estocada, con aquella cruda realidad. Su burbuja no fue rota, si no destrozada por aquel suceso que quizás podría superar pero jamás olvidar.


Febrero de 2003 / Corea del Sur

-¡Tú no vales para nada! Te dije que lo educaras bien y mira en lo que se ha convertido. Es un vago que no hace absolutamente para nada ¡Igual que su madre! ¡Un pelele sin carácter ni convicción! Tanto trabajo para que mi familia se convierta en esto...- Los gritos se escuchaban desde la habitación de aquel niño, tarareaba una canción intentando inútilmente acallar esa voz en su mente. Su padre volvía a ofender a su madre y esta solo asentía. Sus lágrimas comenzaban a salir sin su permiso a lo que subió su tono al cantar para aislarse de todo.

-¡Maldito niño! ¡Ahora mismo te vas de esta casa! ¡Jamás volverás aquí hasta que dejes esa estúpida idea de cantar!- Su padre se había adentrado en su habitación completamente enfurecido. Se dirigió a su ropero para sacar toda la ropa que pillaba a su paso.

-¡¿Mamá?! ¿Qué hace papá? ¿Qué quiere hacer?- Preguntó entre sollozos el muchacho totalmente asustado por las acciones de su padre. Corrió a las faldas de su madre intentando que esta le diera una explicación.

-Jonghyun hijo, por un tiempo te irás. Tranquilo es un sitio muy bonito y podrás hacer amigos allí ¿Entiendes?- La mujer agarró su mentón para hacerlo mirar hacia ella pero solo lo hizo llorar más.

-¡No! ¡No quiero! ¡Yo quiero estar contigo mamá!

-¿Lo ves? Lo has vuelto un estúpido llorica. A donde vas aprenderás lo que es ser un hombre así que deja de llorar o te callo yo- Lo amenazó sin piedad haciendo que se estremeciera agarrando fuertemente la falda de su madre.


Marzo de 2005 / Japón

-Sí mamá, estoy bien- Jonghyun hizo una pausa. Temía la respuesta pero debía preguntar a su madre. -¿Qué se sabe de lo de papá?

-Hijo... Le caerán ocho años...- Se escuchó por el teléfono.

-Eh...- Deseaba decirle que se lo merecía. Su padre era un corrupto además de ser un cabrón porque no podía entrenarse para más. Lo odiaba, por pegarle a su madre y hacer de sus vidas un infierno. Enterarse de que lo habían condenado por malversación de fondos le produjo cierto alivio. Pero le importaba demasiado su madre, aquella que amaba con toda su alma así que no quería ponerla mal con comentarios desafortunados. -¿Y tú? ¿Cómo estás?

-Bien, hijo estoy bien... Solo quiero que vuelvas. Te extraño tanto- Jonghyun escuchó un leve sollozo por parte de ella pero intentó distraerla.

-Mamá, estaré allí pronto, intentaré llevar todo lo que ese... lo que papá dejó a medio hacer y, por supuesto, volveré a tu lado- La voz de su madre se escuchaba eufórica al decirle aquello. Terminó de hablar y colgó el teléfono levantándose de allí. Estaba en una de las salas telefónicas del internado donde residía pero solo se permitía utilizarlas una vez al mes para llamar a sus familiares. Comenzó a llorar al llegar a su habitación, debía quedarse un poco más... Soportar todo aquello por los compañeros que sufrían lo mismo que él. Saber que al salir se encontraría con todo el poder de su padre le animaba a seguir comportándose para poder salir de allí lo antes posible. Si no ¿Donde podían denunciar aquello? ¿Quien podría ayudarlos? Desde fuera quizás encontraría la forma de acabar con lo que sucedía en ese orfanato. Muchos no le creerían pero con todo el imperio de su padre algunas opiniones podrían ser fácilmente variables.

Ese lugar aparentaba ser seguro, distinguido y con lujosas comodidades pero dentro de sus puertas se encontraba el peor infierno para un niño o un adolescente. Sufrían todo tipo de maltrato, vejaciones, golpes y malas palabras. Lo peor era el castigo a un comportamiento fuera de lo normal, algo que estaba muy por encima de lo que uno pudiera imaginar. Solo pensar en aquello su piel se erizaba, en ese año había pasado varias veces por ello. No era un “alumno ejemplar” y debía ser castigado, siempre intentaba proteger a otros compañeros de aquel suplicio. Su padre tenía razón en algo, ser un pelele no servía de nada, aplicaba esa enseñanza para ayudar a sus amigos. Mejor él ya que no se merecía ni el amor de su padre a un pobre niño que suplicaba perdón.


Junio de 2010 / Corea del sur

Jonghyun lo estaba dando todo esa noche, la gente vitoreaba a la banda SHINee y aquel local estaba a rebosar. Sentía subir la adrenalina con la rapidez de un rayo. Estaba preparado para su última canción... Aquella canción que le dedicaba a su padre. Ese ser al que odiaba tanto.

Aquel mini concierto fue un éxito y al terminar la gente ya había abandonado el lugar cuando los cinco amigos se sentaron a tomar algo que los refrescara.

-Buaa... Ha sido alucinante ¿Qué no chicos?- Dijo Jonghyun apoyando su codo en el hombro de su amigo.

-¡Sí!- Gritaron todos al unisono.

-Y... ¿Qué hay sobre tu madre? Ha estado llamando todo el día Jonghyun- El mayor habló para decaer el ambiente, algo que disgustó al joven.

-Onew... Sabes que no me gusta hablar de eso, sabéis que odio todo lo relacionado con la empresa. Sí, sé lo que quiere. Pero sus asistentes pueden ayudarla mejor que yo, amo a mi madre pero cuando se pone así no la soporto- Confesó el joven bebiendo de un botellín de cerveza.

-Tienes razón, siento haber hablado de eso cuando estamos celebrando. ¡Brindemos!- Todos alzaron sus bebidas- ¡Por el éxito!

-¡Por el éxito!- Todos estaban eufóricos pero Jonghyun bajo su cabeza.

Cinco años de libertad que parecían ser otra prisión como el internado. Odiaba llevar los negocios de la familia, el amaba el mundo del espectáculo y en el que vivía no le permitiría hacerlo. Le dolía hacer sufrir a su madre pero esas escapadas bajo la identidad falsa de rockero era lo que en verdad lo llenaba. Todo lo cubría con una personalidad brillante ante cualquier situación, sobretodo con las chicas. Le encantaba coquetear ocultando su inseguridad, ese trauma jamás lo dejaba tranquilo y cada vez se estaba volviendo más grave...


Capítulo 2: Traumas del pasado 


 Licencia de Creative Commons 
Permissions beyond the scope of this license may be available at https://www.facebook.com/LaCulturaKPopYJPop.