lunes, 21 de julio de 2014

¡Y que vengan los ángeles a por mí!

Antes que nada comenzaré con lo que os avisé, en la cabecera de todas las entradas aparecerá esta explicación para quede claro todos los puntos a los que están sometidas las licencias de mis escritos.


Reconocimiento – NoComercial – SinObraDerivada (by-nc-nd):
 No se permite un uso comercial de la obra original ni la generación de obras derivadas.
Como bien explica:

 
  • 1º No se puede sacar dinero de ella, ya que es mía y hecha sin fines lucrativos. 
  • 2º No se pueden hacer adaptaciones de ningún tipo sin el consentimiento del autor, o sea, yo. Una adaptación es toda aquella que tenga similitudes con la historia original en un 80% o la trama sea la misma. En caso de ambas es directamente un plagio.
  • 3º No se puede compartir la obra o fragmentos de la misma sin los créditos pertinentes, sobretodo sin siquiera avisar al autor.

 
    El contenido de este blog está sujeto a esta licencia. Todas las historias de ficción que aquí muestro son totalmente inventadas por mí -Laura Ramírez Patarro-, los personajes reales que aparecen en ellos son varios idols del kpop y por tanto no son míos y se pertenecen a sí mismos. Todo lo que ocurra en estas historias es ficticio (a parte de las características físicas de los personajes reales que aparecen en ella), cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
    Aclarado esto, la entrada comienza ahora mismo...


    ------


    Bueno... dejo esto por aquí y me voy a morir a otra parte xDDD
    Carla sé que mueres esperando pero en menos de lo que esperas tendrás la última parte asjkdsdjfhsdfgjg
    Comentadme qué tal... sabéis que vuestros comentarios son el sustento, no cobro dinero porque me pongáis vuestra opinión, es gratis >< abrazosssss -se va-.


    ------

    Prev/¡Y que vengan los ángeles a por mí! (Parte I)





    ¡Y que vengan los ángeles a por mí! (Parte II)



    “Hoy he dejado de ser un ángel para ser un humano. Y no está tan mal serlo, porque estoy con Eun Ji; esos ojos avellana que tanto conozco me están mirando por primera vez. Aunque, irónicamente, sea un completo extraño para ella, soy la persona que ha estado a su lado desde que nació; saber que ahora conoce de mi existencia me llena de ¿felicidad? ¿dicha? Estoy extasiado, frenético y fascinado.
    Ser un ángel tiene sus ventajas, sin embargo, los mortales tienen el privilegio de sentir, sentir con un cuerpo tangible, y sobretodo, físico. Noto como el aire fluye por mis recién estrenados pulmones, me encanta la sensación de estar vivo. Aunque añore mi divinidad, el flujo vital me tiene gratamente sorprendido. Es algo tan... nuevo, fresco, increíble. Jamás pensé que esto me hiciera dudar y desear algo que está fuera de mi alcance. Porque he sido condenado y si Ravi no averigua qué ha pasado con mi llave del edén, terminaré en el infierno por ello. En ese caso habré fallado por completo en mi propósito y Eun Ji quedará desprotegida. Sólo tengo siete días en los que, con o sin la ayuda de Ravi, intentaré demostrar mi inocencia y volver a mi lugar. No obstante... tenerla tan cerca y poder llegar a tocarla... está nublando mis sentidos ¿será por la condición humana que me ha tocado tener en estos momentos? Veremos en qué depara todo esto.”

    ---

    -Oye, este sólo nos está haciendo dar vueltas ¿qué pretende?- le murmuró Ken a Eun Ji.
    -Shh- indicó, junto con su dedo, la muchacha.

    Iban en el coche de Jaehwan, este conduciendo y ella en el asiento del copiloto. Atrás estaba Hakyeon, intentando pasar desapercibido por el incómodo momento. Les había dicho que no hacía falta que lo acercaran a su casa pero ese cabezón amigo de Eun Ji se había propuesto hacerlo todo más difícil. Seguramente tenía intenciones de pillarle en sus mentiras, quería dejarle en evidencia ante su protegida, así que debía tener el máximo cuidado.
    El trato de confianza entre aquellos dos también lo desquiciaba así que no quiso alargar más la agonía. Ya encontraría la solución a sus problemas lejos de ellos. Aunque eso significara dejar sin protección a la muchacha. Era un humano ¿qué más daba? En su condición lo único que hacía era estorbar ¿protegerla? ¿de qué? Sólo él la ponía en peligro.

    -Dejadme aquí. Os agradezco la hospitalidad pero no deseo importunaros-
    -Tranquilo. Vamos a llevarte a casa, no es ninguna molestia para mí- aclaró Jaehwan. Segundos después y sin quitar la vista de la carretera se acercó de nuevo a Eun Ji, que iba más callada de lo normal. -¿Por qué sigue hablando como si fuera un aristócrata?- le susurró.

    “Como si no te oyera, payaso” pensó Hakyeon.

    -¿Y yo qué sé? Pregúntaselo a él. Ha hablado así desde que lo hemos encontrado... bueno, ya sabes- contestó Eun Ji con un hilo de voz.
    -¿Tú crees que esté loco?- le volvió a preguntar su amigo.
    -En serio- sentenció N con voz neutra. 

    No soportaría sus cuchicheos ni un segundo más. Podría ser un ángel que jamás obedecía a sus impulsos y mucho menos a sus propias exigencias pero el caso es que en ese momento era humano, y como tal, no deseaba poner la otra mejilla. 


    -Parad el coche-.
    -Dinos tu dirección y te dejamos en la puerta de tu casa- pidió la muchacha al girarse para mirar a Hakyeon. Este tenía la frase “cabreo monumental” pegada en la frente. -No desesperes- el intento por calmarlo falló.
    -Parad el coche- repitió. 

    Jaehwan lo hizo, frenó de golpe, cansado de la actitud terca del otro. 


    -Gracias-.
    N se bajó del coche con suma rapidez.


    -¿Por qué lo has hecho?- protestó ella.
    -¡¿Qué?! ¡Es lo que quería! Tampoco podemos obligarlo a nada- se defendió Ken. -Eun Ji, no se puede ayudar a todo el mundo... él ya es mayorcito para saber cuidarse solo-.

    Aunque tuviera razón, la chica bufó.

    ---



    -Ravi, te necesito. No sé ni dónde estoy ¿qué voy a hacer ahora?-.

    Lamentó el ex-ángel cuando vio que el coche del que se había bajado se alejaba. Le prometió a su amigo que los protegería y sólo pensaba en su propio bienestar, en quitarse aquella sensación de haber hecho el ridículo. Por su nueva condición se estaba dejando llevar por todo lo malo que tenía el ser humano. Vaya que había caído. Bonito autocontrol. Parecía un crío haciendo caso de cualquier provocación prohibida o cosa que llamara su atención ¿dónde había quedado aquella sumisión a las estrictas reglas? ¿Dónde quedó el cumplimiento a raja tabla de estas?

    -Soy un auténtico desastre. Así no creo que me salve. Y me lo merezco, claro está-.

    Comenzó a andar sin rumbo por la acera. A mirar con devoción la gente que se cruzaba con él y el mismo ambiente que lo rodeaba. Se estaba dando cuenta de que no era ni por asomo lo que se imaginaba. Era mil veces mejor. Sonrió como un niño yendo al parque por primera vez. En cierto modo, había vuelto a nacer y lo estaba disfrutando demasiado. Aún cuando aquellos dos lo habían puesto de mal humor. Pasó cerca de un karaoke, donde se llegaba a ver tras los cristales translúcidos las habitaciones desde fuera; en una de ellas, dos jóvenes cantaban una balada, se cogían de las manos, se notaba su amor en el aire. Le embargó una sensación maravillosa. Empezaba a ver los matices del equilibro interior del ser humano, ciertamente tendían a caer en tentaciones, sin embargo, sabían sacar provecho de las cosas buenas. Cosas tan simples como el gesto del otro.

    Pero de pronto escuchó algo en la boca calle por la que iba a pasar y no tuvo que esforzarse en ir a mirar. Dos muchachos salieron de allí a mamporro limpio. Uno moreno, corpulento y con porte amenazador; el otro, castaño, más menudo pero con intenciones de demostrar que el tamaño no importa para partirle la cara a alguien. Se pegaban sin cesar y cuando cayeron al suelo uno de ellos, el corpulento, daba puñetazos en la cara al otro con todas sus fuerzas.

    Hakyeon no lo pensó y chasqueó la lengua, ingenuo creyó que aún podía usar sus poderes. Maldición. Sacó sus manos de los bolsillos y fue a separarlos. Logró inmovilizar al que se hallaba a horcajadas encima del castaño, pasándole los brazos por sus axilas y tirando hacia arriba con ímpetu. Se giró sobre si mismo para impedir que el que ahora se levantaba golpeara de vuelta y que sólo se lo diera a él en la espalda. Pero el puñetazo no llegó. Hakyeon se volvió aún sujetando al chico que intentaba por todos los medios volverse y seguir con la pelea, para ver a una figura menuda de espaldas a él.

    -¿Quién coño eres tú? Déjame partirle la cara- exclamó el castaño.
    -No, ya basta. Creo que debéis hablar antes de agrediros así. Los hombres sois tan estúpidos-.

    Era Eun Ji. La voz era de Eun Ji. Su corazón se vio sacudido por tal evidencia. Ella lo estaba protegiendo... ¿No debería ser al revés? Igualmente quedó fascinado y su cabeza aún no entendía a su cuerpo, a lo que estaba pasando dentro de él en esos momentos.

    -¡Suéltame!- esta vez habló el moreno zafándose de N. Este no opuso resistencia, permanecía ensimismado, sin dejar de mirar a la muchacha. -¿Quienes son estos?-.
    -Vete tú a saber- ambos muchachos se miraron, la pelea parecía algo irrelevante ahora. -Aunque ahora que ella está aquí podemos divertirnos-.
    -Bien, ahora que todo está calmado...- Eun Ji dio un paso atrás y disimuladamente agarró la mano de Hakyeon. Algo que hizo que este saliera de su ensoñación y mirara fijamente al punto de unión con ella. -¡Vámonos de aquí!- tiró bruscamente del joven para salir pitando de allí. Él sólo se dejó llevar.

    Los otros dos los siguieron pero después de correr por tres calles bastante transitadas pudieron perderlos. Eun Ji se carcajeó sin parar mientras que Hakyeon se perdió en la sensación de oírla reír, viendo como disminuía el paso y se giraba a observarlo. Sus ojos se conectaron por unos segundos, dejando al joven prendado de ella. A parte del cansancio de haber sido guiado, empujado y casi tirado, él se sentía lleno, vivo. Aún cansado, respiró profundamente recuperando el aliento cuando por fin pararon en un callejón y se daba cuenta de que la había estado mirando sin pausa desde hacía unos minutos. La mezcla de la emoción y la adrenalina, que por primera vez le había producido su carrerón huyendo de aquellos chicos, y la maravillosa calidez de la mano femenina que aún se cernía a la de él, lo tenían extasiado.

    -¡Ha sido lo mejor que me ha pasado nunca!- masculló sin poder contenerse. Y era cierto.
    -¡¿Qué?!- preguntó incrédula Eun Ji.

    Entonces se dio cuenta, aún tenían sus manos unidas y, al alzar su mirada, la sonrisa del muchacho la hizo apartar la mano y aclararse la garganta. Una extraña sensación la azotó por entero, no por estar incómoda, no, si no porque aún sabiendo que lo conocía de sólo unas horas antes, aquel chico tan raro hacía que su cuerpo intentara hablarle y decirle que debía estar al lado de él, como si hubiera estado toda la vida con ella. Se sentía demasiado cómoda en su compañía.

    Se frotó el pelo antes de poner los brazos en jarra. Lo que iba a preguntarle quizás sonaría como una locura. Sin embargo quería aclarar aquello: la razón de su repentina aparición, sus ganas de ayudarlo en todo momento, sentirse tan bien al lado de él y, sobretodo, la extraña necesidad de saber más sobre su verdadera procedencia.

    -Déjame preguntarte una cosa... ¿Quién eres?-.

    Esa pregunta pilló por sorpresa a Hakyeon. Y después de unos segundos lo entendió. Le cuestionaba, no por su nombre o identidad; si no por su vínculo con ella, por aquella unión que ambos sabían que tenían. Y qué contestarle... ¿la verdad? La verdad sería bueno contando con que él había sido un ángel hasta hacía poco, pero si ella oía eso de su boca lo más probable es que lo tomara por un completo desviado mental. Optó por el consejo de Ravi: fingir.

    -Soy Hakyeon, un estudiante de intercambio- se estaba arrepintiendo antes de acabar. -Ya os lo dije-.
    -Sí, eso ya lo sé. Pero...- una de sus manos, posada en la cintura, se la llevó a la frente, se veía frustrada. -¿Quién eres?-

    No contaba con eso. Con que ella insistiera.


    -No entiendo-.
    -Vamos a ver. Sé que pueden ser locuras mías pero siempre que he tenido este tipo de sensación jamás me he equivocado así que ¿me vas a contestar con la verdad o no? Sólo quiero eso-.

    Ella esperó. Él se sintió contra la espada y la pared. Por una parte el deber de hacer lo correcto y por la otra el saber que si se dejaba llevar quizás las cosas no saldrían bien. Recordó la cara de Ravi esa misma mañana, la cagaría aún así se arriesgaría, le diría la verdad. Quizás la ayuda de Eun Ji podría acelerar las cosas pero ¿y si no le creía? ¿Y si huía de él por creerlo loco? Daba igual. Ahí iba la verdad.

    -Hasta hace unas horas yo era tu ángel de la guarda- le dijo, sin adornarlo ni un poco.

    Los ojos de la muchacha se abrieron por completo. Hakyeon pensaba que pronto atinaría a responderle algo. Al oír como las carcajadas de Eun Ji inundaban todo el lugar. Se sintió, en cierto modo, decepcionado.

    -¿Y tú piensas que voy a creer tal cosa?- exclamó ella, poniéndose la mano en el pecho y calmando la risa. -¿Estamos locos o qué?- entonces frunció el ceño.

    Él prosiguió. Ya que se había decidido a ello no iba a parar en su propósito. 


    -Esta mañana perdí mi llave del Edén, este hecho ha desencadenado mi estado actual. Mi cuerpo etéreo se ha vuelto humano, físico, tangible-.
    -No me lo puedo creer, ¿sigues con la misma historia?- ahora lo miraba.
    -Si no consigo la llave iré al infierno en siete, corrección, en seis días. Mi cuerpo se quemará con mi alma y no habrá salvación para mí- Hakyeon le devolvió la mirada seguro de querer terminar con su verdad. -Por consiguiente, tú, quedarás sin protección alguna ¿deseas que llegue ese día para comprobarlo?- le preguntó, intentando que abriera su mente a la posibilidad de en verdad sucediera.
    -Espera, te estás creyendo tu propia historia ¿verdad?- él asintió seguro. -¿Estás hablando en serio?-.
    -Sí, muy en serio. Lo que estoy diciendo es tan cierto como el hecho de que yo estoy aquí- N señaló enérgicamente sus pies. -Y tú estás ahí- ahora señalaba los femeninos.

    La mueca de ella cambió por la seguridad que proyectaba aquel muchacho. 


    -Bien, digamos que estás diciendo la verdad ¿qué prueba me mostrarías para que yo te creyera?-.

    Bien, Eun Ji comenzaba a contemplar la verdadera realidad. 


    -Tu pasado-.
    -¿Qué?- ella volvió a fruncir el ceño.
    -Pregunta algo de tu pasado y yo lo contestaré correctamente- le aseguró Hakyeon.
    -¿Qué? ¡¡Eso sólo demostrará que me has estado espiando!!- se acercó al chico. En realidad quería golpearse a si misma, por ser tan estúpida. -¿Jaehwan tenía razón, eres un pervertido?-.
    -¡No! ¡Por supuesto que no!- la agarró con suavidad de los hombros con intenciones de calmarla. -Déjame mostrarte una evidencia, sólo...-.

    Lucía enfurecida, corría el riesgo de que, de un momento a otro, huyera de él. La conclusión a la que había llegado Eun Ji no era ni por asomo la que él pretendía. Al parecer estaba entrando en terreno pantanoso. Si proseguía seguramente ella se cerraría en banda de nuevo y debía buscar algo que la dejara totalmente convencida de que él decía la verdad.

    -Hace cinco años. Tú estuviste apunto de morir- ella abrió sus ojos hacia él. Vale, tenía su atención al menos. -Jaehwan te salvó con mi ayuda-.
    -¿Perdón?- eso no era posible. Eso no podía ser verdad. -¿Qué acabas de decir?-.

    ¿Cómo podía saberlo? Sí, podía ser un acosador pero estar detrás de ella por cinco años era demasiado enfermizo. Espera ¿estaba empezando a creer aquella paranoia del ángel de la guarda? Cerró sus ojos y eliminó esa absurda idea. Algo tan irreal no entraba en su cabeza, era mucho más lista que eso. No podía creerlo, no debía creerlo. Aún así lo estaba haciendo. Mierda.
    Hakyeon la seguía sujetando por hombros pero no la forzaba a nada. Tenía la plena libertad de irse sin escucharlo más. Realmente quería irse ¿por qué su cuerpo no respondía?

    -¿Crees que es físicamente posible que llegara hasta el otro extremo de la carretera a la velocidad del rayo? ¿Crees que un chico de quince años podría prácticamente volar hasta a ti en un sólo segundo? Yo fui quien lo elevé hacia ti, yo provoqué la ira de Ravi por arriesgar la vida de Ken por salvar la tuya- aseguró él.

    Ella recordó ese día y comprobó que decía la verdad. Técnicamente era imposible que Jaehwan hubiera llegado a tiempo desde la otra acera. Ese desconocido, o no tan desconocido, decía la verdad. Oh, su mundo se vio sacudido, quiso cerrar sus ojos y encontrarse en su cama después de haber tenido un estúpido sueño.
    Hakyeon notó que el cuerpo de Eun Ji se rendía, la tensión se desvanecía y la impresión la estaba dejando desolada. Y a él se le cayó el alma a los pies. ¿Había hecho mal? Sentirse orgulloso de su hazaña hasta ahora no le sirvió para deshacer la desilusión al verla tan afectada. Su rostro denotaba tristeza. Darse cuenta de que Jaehwan significaba mucho más para ella que él, lo dejó totalmente devastado. Claro, sólo era su ángel de la guarda. Y si todo salía bien volvería a su irrelevante puesto de una vez por todas. Deseaba volver, simplemente porque su nuevo corazón latía fuertemente, como si estuviera a punto de romperse y, desgraciadamente, así era. Su corazón se estaba rompiendo en pedacitos.

    -Ohh dios- una lágrima traicionera corrió por la mejilla de Eun Ji y esta quiso disimularla frotando su mano por ella. -Esto... esto es tan...-.
    -Lo sé- consoló N con un hilo de voz.
    -Espera ¿qué?- preguntó inesperadamente Eun Ji. -¿Quién es Ravi?-.

    La situación se volvió un tanto bizarra ya que la muchacha se apartó y cruzó sus brazos como si quisiera cambiar de tema. La bipolaridad de su protegida lo abrumó. Después de recuperarse, Hakyeon frunció el ceño y contestó:

    -El ángel que cuida de Jaehwan, como yo de ti-.
    -Creo que necesito un trago- soltó ella sin más.

    El moreno flipaba en colores. 


    -Tú no deberías, es decir, nunca has bebido alcohol-.
    -No me digas lo que debo o no hacer- al apuntarlo con un dedo, él tragó saliva y asintió. En ese momento tenía miedo. -Ahora lo necesito y punto. El hecho de creer lo que estás diciendo me hace necesitarlo-.

    A N se le iluminó la cara. Ella le creía al fin. Sonrió irremediablemente. 


    -Entonces ¿me crees?-.
    -Digamos que sí. Ahora deja que digiera todo esto ¿vale?- le pidió cerrando los ojos y poniéndose las manos en las sienes, quizás tratando de entender por qué había accedido.

    Sí, le creía. Ella estaba confiando en él. Todo lo demás se volatilizó. Esto lo cambiaba todo, podía ahora encontrar una solución para salvarse y con la ayuda de su protegida. No obstante, la idea de volver cada vez le agradaba menos, el hecho de Eun Ji pudiera interactuar con él lo hacía echarse atrás.

    -Por cierto ¿me ayudarás con la llave?- ella pareció volver de su trance al escuchar la voz de N.
    -Madre mía... estoy loca...- sus manos se abrieron a cada lado de su rostro y después las cerró fuertemente. Quería alcanzar la calma por completo. -Bien ¿cómo es esa tal llave?-.
    -Es un colgante. Una llave con dos alas de plata a cada lado- precisamente el que se hallaba en el bolsillo de Eun Ji pero tanta información recién digerida hacía que la mente de esta no llegara a tal conclusión. -Es de plata maciza-.
    -No. No lo he visto ¿en verdad es esa minucia algo divino?-.
    -Es mi salvación en todos los sentidos. Debemos encontrarla. Me gustaría que tú...-.
    -Que yo te ayude- completó ella.
    -Sí-.
    -Está bien, aunque sigues siendo un loco de atar para mí- avisó, pero en su tono había diversión.
    -Bien, gracias-.

    Eun Ji avanzó para volver a casa, sin pensar en que Hakyeon no tenía una. Este se lo recordó. 


    -Emm perdona pero es que...- ella se giró para mirarlo, confundida. -No tengo dónde quedarme-.
    -Oh-.

    ---

    Al llegar al patio trasero de la casa de Eun Ji, Hakyeon la ayudó a saltar la verja y este saltó sin dificultad después. Una vez dentro del jardín se miraron, el dedo de la muchacha en su boca y sus ademanes le indicaban al ex-ángel que guardara silencio y tuviera precaución, por alguna razón no debían hacer ruido. Eun Ji tenía miedo de que Jaehwan hubiera ido a buscarla a casa después de salir del coche enfadadísima y sin querer decirle hacia dónde se dirigía. N también se acordó de que ella no vivía sola en aquella residencia, además de Min Ah, Hyuk era su compañero de piso desde que entraron a la universidad y si lo veía con ella en esas circunstancias podría pensar lo que no era. No estaban en condiciones de que los demás malinterpretaran. Pero ¿lo metería en su casa aún sabiendo que su hermano estaba allí? Aunque la habitación de Min Ah estuviera vacía por ahora, eso era arriesgado por donde se mirase, esperó a ver qué idea rondaba la cabeza de su protegida.

    Llegaron a la puerta de la pequeña caseta que usaban de trastero. Ella miró hacia los lados y después habló:

    -Quédate aquí, voy a ir por la parte delantera, sacaré un par de mantas y te quedarás en el trastero por ahora. Si mi hermano se da cuenta de que estás aquí se puede liar muy parda- la mueca de N cambió y erróneamente la chica la interpretó como disgusto por saberse “desplazado”. -Tranquilo, se está calentito y es confortable. Mi hermano ha dormido aquí más de una vez con sus amigos, fingiendo que estaban de acampada en la montaña- le explicó con sorna. Nunca entendió las locuras de su querido hermano.
    -Eun Ji, lo sé- Hakyeon sonrió casi riendo. Claro que lo sabía.
    -Oh, es que aún no me acostumbro- dijo ella mucho más relajada. -Ahora vuelvo-.

    La sonrisa. Otra vez esa sonrisa que lo dejaba K.O. Asintió como un tonto sin perderla de vista, la última imagen fue cuando Eun Ji giró la puerta que separaba el patio trasero con el delantero y desaparecía. Pestañeó entonces. Aquella mujer lo descomponía, más aún con su nuevo cuerpo. Que débil eran los humanos a las sensaciones, y ¡que sensaciones, madre mía!

    Eun Ji esperó encontrarse con el coche de Jaehwan como temía pero no, el coche que estaba aparcado frente a su casa era el de Leo ¿Leo, a esas horas? Cuando llegaba con su hermano siempre lo hacían juntos en la moto de este. A menos que...

    Corrió hacia la puerta con una mezcla de entusiasmo y miedo. Si sus sospechas eran ciertas esa noche iban a ser en casa más de dos. Golpeó con cierta inquietud. La persona que abrió gritó como ella. Las dos doblaron levemente sus rodillas y alzaron las manos con ímpetu antes de abrazarse y saltar juntas.

    Era Min Ah. La tercera en discordia en aquella casa. La compartía con ella y su hermano. Sin embargo, hacía unos meses encontró trabajo lejos de la provincia y se tuvo que mudar. Igualmente tenía su habitación esperándola para cuando terminaba la temporada, ya que era un trabajo ocasional, a finales de agosto siempre volvía. Eun Ji no lo recordó por lo pasado en ese día y se maldijo internamente por no hacerlo.

    Min Ah era mayor que los hermanos y aunque pagara las deudas religiosamente siempre actuaba impulsivamente. Sólo mirar su pelo de un color cada mes, se denotaba su personalidad. Complementaba a aquellos dos y sobretodo a su novio, Leo, que justo en ese momento aparecía en el campo de visión de Eun Ji. Vestido sólo con unos pantalones vaqueros se sacudía el pelo con una toalla.

    -Hola, Eun Ji- dijo este cuando sus miradas se cruzaron.

    Pareció no inmutarse al verse medio desnudo frente a la recién llegada. Bufó y se fue hacia el sofá del salón.

    -Anda que perdéis el tiempo vosotros dos- riñó divertida Eun Ji, soltándose del abrazo de oso de su amiga.
    -No hemos hecho nada. Tu hermano está preparando la cena y no es cuestión...- la morena no se veía convencida y prosiguió. -Me ha traído del aeropuerto para darte una sorpresa, no le ha dado tiempo a ducharse después del entrenamiento así que lo ha hecho aquí. Algunas veces me sorprende el concepto depravado que tienes de mí- Eun Ji al escuchar esto rodó los ojos.
    -Y me vas a decir que no tengo conocimiento de causa...- inquirió.
    -Vale vale, tú ganas. Vamos a cenar- se dio por vencida Min Ah.
    -Me alegra tenerte aquí de nuevo amiga-.

    Ambas sonrieron y entraron a casa.

    ---

    Al recostarse en la cama Eun Ji sonrió. Su amiga volvía, el callado de Leo se notaba feliz de tenerla de nuevo y a ella le encantaba el ambiente que se respiraba en esos momentos. Después de cerrar los ojos y rodar hacia un lado, salió del colchón para cambiarse. Hasta que al quitarse el pantalón escuchó algo que cayó del bolsillo. Confundida recogió el objeto de la moqueta que cubría su habitación y lo examinó. Un colgante. Una llave de plata con un par de alas a cada lado.

    Hakyeon.

    El ángel.

    Oh dios mío. Se le había olvidado por completo.

    -Mierda-.

    Se puso el pijama rápidamente y corrió escaleras abajo descalza para no llamar la atención. Al llegar a la puerta de la cocina, que daba al jardín trasero, se puso las zapatillas de estar por casa y anduvo lentamente susurrando el nombre de N. ¿Qué había pasado? ¿Se habría ido?

    -¡Hakyeon!-.

    De pronto notó que alguien se colocaba detrás, apretándose contra ella. Una mano tapó su boca y otra se cernió a su cintura. Los ojos de Eun Ji se cerraron ¿qué debía hacer en esos momentos? ¿Quién era ese que la inmovilizaba?


    Se temió lo peor y quiso gritar pero no podía ¿qué sería de ella?